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Actores no estatales

Publicado el 24-09-08

Hay poderosas organizaciones en el mundo capaces de mover lo necesario detrás de sus objetivos. Algunas de esas agrupaciones operan dentro de los marcos institucionales e influyen en ellos. Otras actúan por fuera de dichos marcos.

En el primer caso se incluyen desde empresas transnacionales hasta movimientos religiosos y, en el segundo, carteles de la droga y grupos terroristas. Por lo general ambos trascienden las fronteras nacionales y se les conoce como actores no estatales.

Después del ataque contra un campamento de las Farc en la frontera norte ecuatoriana, Latinoamérica reaccionó con determinación en defensa del respeto por la soberanía y el rechazo al uso de la fuerza. No le falta razón a la región, tan vulnerable a todo tipo de intervencionismos.

En contraste, la causa del ataque en mención no recibió un rechazo igualmente nítido y mayoritario. Las operaciones de un grupo irregular desde territorio ecuatoriano, verificadas por el acontecimiento mismo, quedaron soslayadas al final de la batalla diplomática de marzo pasado.

Si los propósitos y métodos de los actores no estatales son contrarios al orden establecido, los primeros afectados serán quienes los admitan o ignoren. En el caso de las Farc, es costumbre ejercer sus actividades militar, tributaria y judicial en el territorio donde se encuentren. Tienen códigos de conducta inamovibles con la autoridad que les da el cañón del fusil, como enseñó Mao.

Si hay identidades entre un gobierno determinado y actores no estatales irregulares, es de esperar conflictos en las relaciones con países que combaten a dichos actores. Es allí cuando son necesarias las reglas de convivencia internacional; pero caemos en un vacío si están incompletas, obsoletas, o sencillamente no se aplican.

Si bien hay iniciativas compartidas en América Latina en la lucha contra el terrorismo y otras poderosas organizaciones criminales de todos los pelambres, estamos lejos de una eficaz cooperación y solidaridad. En esa materia el derecho interamericano no tiene ni los dientes ni la cobertura completa.

La propuesta unipolar, maniquea y basada exclusivamente en la confrontación de los Estados Unidos contra el terrorismo y el narcotráfico, tiene muy poca acogida en la región. Las acciones diplomáticas posteriores al incidente colombo-ecuatoriano bajaron la fiebre pero no lograron una verdadera distensión. Subsiste una profunda desconfianza.

Es urgente entonces ocuparse del asunto, complejo en extremo por las ideologías y liderazgos subyacentes. Lo que no conviene es ignorar las evidencias y atrincherarse en verdades parciales.
*Columna de la Fundación Buen Gobierno.

Gustavo Guzmán Manrique* Consultor Internacional

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