Chávez anda de shopping y ha demostrado ser el paradigma del comprador compulsivo.
Bajo su consigna del "Socialismo del siglo XXI" en estos últimos 2 años ha invertido miles de millones de dólares en la nacionalización de empresas telefónicas, eléctricas, cementeras, siderúrgicas, bancos; participación en petroleras y tierras con fines agrícolas.
¿Será eso lo mejor que puede hacer Chávez con las utilidades de esta pasajera bonanza petrolera? Al fin y al cabo el Estado es un 'socio silencioso' que participa de las utilidades de todas las empresas establecidas en su territorio a través del cobro de impuestos. Por esta participación el Gobierno tiene la responsabilidad de asegurar estabilidad macroeconómica y jurídica; y una infraestructura que permita un mayor y más veloz crecimiento. Las únicas empresas de las que el Estado debe ser propietario, socio o inversionista son aquellas que le ayuden a cubrir los derechos constitucionales a los ciudadanos, y de los cuales la empresa privada no quiera participar; ya sea por un riesgo elevado o porque el margen de utilidad es muy pequeño.
Ahora, si yo fuera Chávez, y para el socialismo del siglo XXI fuera fundamental devolver a manos del país la propiedad sobre ciertas empresas, yo propondría en vez de nacionalizar, repatriar. Es decir, que sean los ciudadanos y no el Estado quienes adquieran ese activo.
En este caso el ejecutivo establecería los términos de la negociación y podría incluir cláusulas como:
1. Prioridad en la compra con el siguiente orden: empleados de la empresa, vecinos que sufren el impacto de la producción, empleados del Gobierno y militares, fondos de pensiones, y finalmente el resto de ciudadanos.
2. Limitar la participación que puede adquirir una persona para evitar posiciones dominantes.
3. Planes de financiamiento a largo plazo que le permita a las personas de bajos recursos acceder a esta oportunidad para construir un patrimonio.
De esta manera el Gobierno repatriaría empresas insigne para el país, tendría más recursos para inversión social y productiva, incentivaría el ahorro, sacaría parte de la maza monetaria que presiona cada vez más la inflación, y popularizaría el interés en el mercado accionario.
Si esto es cierto para Venezuela y el socialismo del siglo XXI, también lo es para Colombia y su renuencia frente la venta de su participación en empresas como ISA, Isagen o Ecopetrol.
Yo preferiría que estas participaciones se vendieran y que ese dinero se invirtiera en educación y salud, o en la pensión de quienes tenían sus ahorros para la vejez con el ISS; que se prepagara la deuda externa y así mejorar nuestra calificación internacional de riesgo, o se invirtiera en mejorar la infraestructura vial y portuaria del país. Al fin y al cabo esta empresa en manos privadas seguirá enviando a las arcas del país lo correspondiente al impuesto sobre la renta.
director@revistalabarra.com
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