EL PORTAL DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS
En días pasados, se llevó a cabo en Bogotá el Foro de Gestión Pública y Liderazgo, en el que tuvimos el privilegio de examinar las valiosas lecciones de los profesores Ronald Heifetz, director del Centro de Liderazgo Público de Harvard y David Osborne, experto mundial en rediseño del Estado; también analizamos con importantes líderes locales, los casos más destacados de gestión pública regional, el proceso de rediseño y modernización del Estado y la evolución de la gestión pública en el caso del sector energético y de las empresas públicas en Colombia.
El debate fue pertinente porque, como se deduce después de la presentación de Heifetz, en Colombia tenemos aún una grave confusión sobre la noción de liderazgo. Seguimos creyendo que son nuestros líderes los responsables exclusivos de la solución a nuestros problemas. Al conferir autoridad política mediante el libre juego democrático, delegamos al líder de turno la resolución de nuestros más importantes desafíos. El líder, entonces, se enfrenta a una grave encrucijada: entre más efectiva sea su labor y mayor su capacidad para dirigir y gestionar la transformación requerida, mayor dependencia y expectativas generará en los ciudadanos. Por tanto, el gran reto del líder que ha producido resultados extraordinarios es precisamente gestionar la transición hacia un modelo no dependiente, más institucional y más capaz de generar nuevos líderes también comprometidos con la continuidad de los factores de éxito que demostraron su efectividad. De ahí que sea tan sabia la definición de los chinos: líder es aquel que cuando muere, la gente lo olvida y dice , lo hicimos nosotros.
Como lo señaló el profesor Osborne, el único modo de transformar las burocracias es el de emprender un monumental trabajo con sus integrantes para cambiar sus hábitos y su mentalidad. Las personas, que antes eran parte del problema, tienen que ser ahora parte de la solución. El verdadero liderazgo consiste en movilizar a cada ciudadano y cada funcionario público para que asuma su parte de responsabilidad y obre en consecuencia.
De este modo, y a pesar de la inflexibilidad propia del sector público, se han ejecutado importantes reformas en sectores como el energético o el de las telecomunicaciones, y en empresas como Ecopetrol, Telecom, Sena o Energía de Bogotá, procurando así que las empresas públicas dejen de estar al servicio de la burocracia, para que estén al servicio del ciudadano y cumplan con los fines esenciales del Estado.
También se ha experimentado un importante liderazgo en nuestras regiones que, en buena hora, han pasado de depender del Gobierno Central a trazar sus propias estrategias para un mejor futuro. En Bogotá, en Medellín, en Antioquia, en el Valle y en algunas ciudades del Eje Cafetero, se lleva a cabo un dispendioso proceso de fortalecimiento institucional para superar los tiempos del clientelismo, corrupción y desgreño administrativo, realizando una gestión pública efectiva cuyas lecciones de fondo deberían servir de ejemplo para los nuevos líderes regionales.
Podríamos también analizar con detenimiento las inmensas fallas y vacíos que perduran en la gestión pública nacional y local. Pero el objetivo central del foro era destacar los elementos centrales de una gestión pública efectiva, la cual requiere de líderes seriamente comprometidos con ejercer su mandato, que no es otro diferente al de aprovechar su liderazgo para tomar decisiones de fondo que generen mayor prosperidad colectiva, garantizando un proceso de transformación y evolución que perdure después de su retiro. Para fortuna de los colombianos, ya tenemos muy buenos ejemplos a nivel nacional y local que ojalá sirvan de guía y faro para la nueva generación de alcaldes, gobernadores y aspirantes a la Presidencia.
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