Muchos mexicanos ven el cultivo de maíz como parte de su patrimonio nacional, así como las papas lo son para el Perú o la pasta es para los italianos. Es por tanto entendible que cuando el pasado primero de enero, los aranceles para el maíz (al tiempo que también para los fríjoles, azúcar y leche) se rebajaron a cero, los mexicanos lo lamentaron. El fin de los aranceles marcó la culminación de 14 años de transición de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá bajo el Acuerdo de Libre Comercio (Nafta).
Pocos norteamericanos se han interesado con Nafta. Hillary Clinton, cuyo marido Bill luchó por la ratificación del Acuerdo cuando fue presidente, ha prometido revisarlo si es elegida. Pero solo los más ardientes activistas anti-globalización dirían que el tratado no ha traído beneficios a México.
Desde 1994, las exportaciones diferentes a petróleo han crecido cuatro veces, al tiempo que el stock de inversión extranjera directa se ha expandido 14 veces. Por último, las exportaciones mexicanas de productos agrícolas a sus socios de Nafta se han triplicado.
Los políticos opositores en México de los partidos de centro-izquierda de la Revolución Democrática y antes que ellos el originalmente dominante Partido Revolucionario Institucional, argumentan que Nafta debiera negociarse.
En la práctica, poco ha cambiado desde enero primero. Los aranceles del maíz han venido disminuyendo desde 1994, cuando estaban en 20 por ciento. Casi todas las importaciones de maíz ya entraban sin aranceles bajo las cuotas de importación del gobierno mexicano. La mayoría de las importaciones son de maíz amarillo, usadas como alimento para el ganado, al tanto que la producción mexicana es de maíz blanco. Aún así, sin importaciones baratas los mexicanos tendrían qué pagar más por su tortilla diaria.
A pesar de la larga transición del libre mercado, poco se ha hecho para preparar a los pequeños agricultores. Cuatro quintas partes de los granjeros tienen menos de cinco hectáreas. La mayoría son productores de subsistencia que dependen del maíz. El Ministerio de Agricultura estima que solo el 6 por ciento de ellos son altamente eficientes y rentables. Sin embargo, la cosecha de maíz mexicano ha crecido de 18 millones de toneladas antes de Nafta a 24 millones de toneladas en el 2007.
Afortunadamente, para el gobierno, los aranceles han sido eliminados mientras los precios están a niveles récord. Con maíz a 5 dólares en bushel, gracias a un boom subsidiado en su uso para fabricar etanol, los productores menos eficientes pueden hoy hacer utilidad en Alaska. ¿Cuánto durará la dicha?
Aquí una reflexión. Los latinos no ponemos atención a que los plazos terminan y se cumplen. Somos de una irresponsabilidad preocupante. Hay una gran diferencia entre los anglosajones y nosotros los latinoamericanos. ¿Cuándo aprenderemos? Estando al pie de los E.U., los mexicanos han pasado 14 años cuando no fueron capaces de resolver su problema de competitividad ante el seguro momento cuando los aranceles de importación serían disminuidos. Lo lamentamos por los mexicanos, pero se lo tienen merecido.
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