EL PORTAL DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS
portafolio.com.co / opinión / columnistas / Miguel Gómez
La crisis diplomática con nuestros vecinos no ha terminado ni terminará pronto. Lo que aconteció en las últimas semanas fue de extrema gravedad. Cayeron las máscaras. Quedó al descubierto que países vecinos tienen una estrategia de mediano plazo para debilitar nuestras instituciones y fortalecer a la guerrilla.
Con el pretexto de realizar supuestas gestiones humanitarias, nuestros vecinos han intervenido en asuntos internos de Colombia, rompiendo el principio de no ingerencia. Hay suficiente evidencia confirmando que existe apoyo político y financiero externo a fuerzas irregulares que utilizan técnicas terroristas contra el Estado y el pueblo colombiano.
También queda claro el alcance del chantaje humanitario. Se busca aislar al Gobierno colombiano y obligarlo a ceder a las pretensiones de la guerrilla. El resultado sería la mayor victoria política de unos grupúsculos que no representan a los colombianos y que no tienen audiencia política en el país. La liberación de los secuestrados sería el paso para que la guerrilla obtuviese el reconocimiento de fuerza beligerante por parte de nuestros vecinos, algo que el Derecho Internacional no puede otorgar a una fuerza terrorista.
No podemos ser ingenuos. No es cierto que Correa, Chávez y Ortega vayan, en adelante, a respetar a Colombia. Sus intereses estratégicos chocan con los nuestros. Probablemente reducirán su beligerancia verbal. Pero redoblarán sus esfuerzos por socavar a Colombia, que es un obstáculo político en su proyecto continental. Seguirán martillando alrededor del tema del intercambio humanitario, pues es el escudo para seguir presionando a Colombia y el mecanismo para oxigenar políticamente a la guerrilla.
Esta crisis ha tenido muchos aspectos favorables. Atrás quedan las ambigüedades y los discursos vacíos. Conocemos las intenciones y el alcance de las estrategias de quienes no respetan nuestra democracia ni sus instituciones legítimas. Colombia envió un claro mensaje internacional sobre determinación de acabar con la guerrilla y proteger la seguridad de sus nacionales. Nuestros vecinos deben saber que la seguridad nacional es nuestra primera prioridad y que usaremos todos los mecanismos -legales y militares- para recuperar la paz nacional.
Hay lecciones que no podemos ignorar. Debemos aceptar que en esta crisis estuvimos muy solos. Frente a la arremetida de nuestros antagonistas pudimos contar con la solidaridad de los E. U. Los otros países, que considerábamos amigos, resultaron tímidos y flojos al momento de expresar sus posiciones. Es urgente reforzar nuestra capacidad diplomática, tanto bilateral como multilateral. La Cancillería necesita más recursos y mejor personal. Hay que tener una política internacional vigorosa para neutralizar la chequera petrolera de Chávez y la diplomacia en Internet de las Farc. La diplomacia no es un mecanismo para asegurar la gobernabilidad doméstica. Es la principal herramienta para defender los intereses nacionales en el exterior.
*Columna de la Fundación Buen Gobierno.
PUBLICIDAD