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Mauricio Reina

La regla fiscal

Publicado el 30-10-09

En estos días el Ministro de Hacienda anunció que el gobierno está diseñando uno de los instrumentos de política económica más importantes que puede tener Colombia en la actualidad: una regla fiscal. Si se convierte en realidad, este mecanismo garantizaría que el gobierno ahorre los recursos excedentes generados por el auge del sector de minas y energía, lo que permitiría superar uno de los mayores retos económicos del presente.

Y es que la bonanza minera colombiana ya arrancó. El año pasado el sector de minas e hidrocarburos creció tres veces más que la economía, y en lo corrido de este año ha sacado la cara en medio de la recesión: mientras el PIB se contrajo en el primer semestre, la minería creció más de 10 por ciento. Como si eso fuera poco, en los últimos siete años las exportaciones del sector se multiplicaron por cinco, y duplicaron su participación en las ventas externas del país hasta llegar a representar más de 40 por ciento de las exportaciones totales. Además hay que recordar que mientras la inversión extranjera está cayendo en Colombia, América Latina y el resto del mundo, la que va dirigida a nuestra minería sigue aumentando.

Y esto es apenas el comienzo. El subsuelo colombiano es uno de los más inexplorados de la región, por razones obvias: si durante muchos años ni siquiera se podía visitar la tierra, mucho menos se podía conocer lo que hay debajo de ella. De modo que ahora Colombia está recuperando el tiempo perdido, y es previsible que durante los próximos años sigan llegando cuantiosos capitales foráneos a la minería y que sigan aumentando las exportaciones del sector.

'¡Bonanza minera!' gritará alguno con entusiasmo, como quien se gana la lotería. 'Calamidad minera' lamentará otro, recordando cuántos países alrededor del mundo han sufrido los estragos de la maldición de los recursos naturales. ¿Y en qué consiste esa maldición? En que el auge de un sector primario puede hacerle daño a la economía a través de distintos mecanismos, entre ellos los efectos cambiarios inducidos por la inversión extranjera y la bonanza exportadora. La abundancia de divisas generada por estos fenómenos produce una apreciación de la moneda que erosiona la competitividad de los demás sectores exportadores y de aquellos que compiten con las importaciones.

Afortunadamente la solución está inventada. Alrededor del mundo hay varios ejemplos de países que han sabido aprovechar bonanzas de bienes primarios para impulsar sus economías en lugar de hundirlas. Para no ir muy lejos, Chile ha podido hacerlo y se ha convertido en objeto de envidia para la región. La piedra angular de su estrategia ha consistido en tener una regla fiscal que obliga al gobierno a ahorrar en el exterior los recursos excedentes en épocas de auge, lo que evita la monetización de las divisas, la apreciación de la moneda y el malgasto de los recursos.

El gobierno colombiano merece unas felicitaciones parciales por haber empezado a trabajar en el diseño de una regla fiscal. El resto de las felicitaciones quedan pendientes para el día en que comprobemos que el instrumento no naufragó en medio de la ligereza que llevó al mismo gobierno a gastar en plena bonanza de los precios del petróleo los recursos que el país había ahorrado en el FAEP, contraviniendo los principios que ahora invoca con tanta convicción.

Mauricio Reina

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