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Mauricio Reina

Atención parcial continua

Publicado el 02-10-09

  Para tomar decisiones impopulares hay que tener certeza, y yo estaba seguro de tener la razón. Fue el día en que decidí que no iba a permitir que la gente me hiciera perder más el tiempo con el hábito detestable de contestar llamadas y responder correos en medio de una reunión. Harto del despiste colectivo, decidí que todos los celulares deberían estar apagados en las reuniones que estuvieran a mi cargo.

Y que conste, no digo que sea detestable que alguien me deje hablando solo, porque sienta lesionada mi dignidad. Lo digo por algo mucho más simple: si se hace una reunión para discutir algo, pues que se discuta, pero que no le hagan perder el tiempo a uno mirando de reojo el celular o metiéndose debajo de la mesa para contestar.

El día que anuncié mi decisión a quienes trabajan conmigo hubo varias reacciones, desde la incredulidad hasta la indignación, pero lo que no apareció por ningún lado fue la resignación. Cada cual trató de obtener un tratamiento excepcional, argumentando que no podía prescindir del celular.

"Tengo hijos", dijo una de mis colaboradoras; "tengo mamá", afirmó otra; "lo tengo en vibrador", aseguró alguien más. Como las excepciones injustificadas son la semilla del abuso, fue necesario argumentar. Si los hijos no pudieran crecer sin un celular, la humanidad no habría llegado a cinco mil millones de personas antes de que se hubiera inventado el aparato. Y sobre el cuentico del vibrador, si un objeto que vibra sobre una superficie no produjera sonido, no existiría el redoblante.

Pero no me voy a detener en la infame reproducción de la especie humana, ni en el funcionamiento de ciertos instrumentos de percusión. Voy a referirme a algo más importante que vino a colación cuando una muchachita que estaba conmigo en una reunión creyó ponerme en jaque con la siguiente perla: "yo puedo consultar mensajes en mi BlackBerry y poner atención al mismo tiempo, porque pertenezco a la generación del multi-tasking". Con ese anglicismo advenedizo se refería a la capacidad de hacer varias cosas al mismo tiempo.

Pues a otro perro con ese hueso, porque consultar el celular en una reunión no es una prueba de 'multi-tasking', sino de algo mucho menos glamoroso que se llama 'síndrome de atención parcial continua'. El término fue acuñado en 1998 por Linda Stone, ex funcionaria de Apple y Microsoft, y ha sido usado por los especialistas para señalar un mal de nuestros días.

Y vaya que es un mal muy malo, porque mientras el 'multi-tasking, permite hacer varias cosas al mismo tiempo sin sacrificar la productividad, con el 'síndrome de atención parcial continua' todo se hace a medias.

Aunque la ubicuidad de este síndrome debe bastar para que nadie permita que otro consulte sus mensajes en plena reunión, les doy otro dato: de cada diez veces que eso sucede, nueve no sirven para nada. Según estadísticas de la firma Symantec, 87 por ciento de los correos electrónicos son basura y Colombia ocupa el décimo lugar en la lista mundial de generación de esos mensajes.

Arriba el orgullo patrio: esa es la mejor posición que ha alcanzado Colombia en cualquier ranking orbital tras haber ganado el campeonato mundial de parqués hace un mes en España, hazaña que los compatriotas jamás repetirán si siguen contestando el celular mientras les comen las fichas.

Mauricio Reina

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