Uno no sabe si será 'mamadera de gallo'... En una entrevista publicada en El Tiempo el domingo pasado, el nuevo Secretario de Movilidad de Bogotá dijo que su plan para enfrentar el problema del tránsito en la ciudad "no es un asunto improvisado (...) es un trabajo planeado durante 15 días". ¿De modo que encarar el trancón capital con un plan hecho en dos semanas no es improvisar?
Aparte de sus dotes dialécticas, al nuevo Secretario hay que reconocerle su optimismo. Y como las especies que no son optimistas desaparecieron hace varios milenios de la faz de la tierra, lo mejor es que cada uno ponga su granito de arena en este esfuerzo. Por eso vale la pena recordar tres principios básicos de la movilidad, con la esperanza de que sean tenidos en cuenta en el próximo Plan Bimensual de Movilidad Capital.
El principio fundamental de la movilidad es simple: lo que no se mueve no es móvil. No se mueve, por ejemplo, el vehículo del taxista que se practica una sesión de profilaxis facial en el espejo retrovisor, ni el del que está echándose una siesta, ni mucho menos los de aquellos que hacen un análisis de la realidad nacional conversando de carro a carro. Tampoco se mueve la volqueta modelo 63 a la que le estalló la transmisión, ni el bus clásico y antiguo al que se le partió un eje, ni la camioneta con vidrios polarizados (¿no los habían prohibido?) que espera frente a una panadería con las luces estacionarias debidamente activadas. Corolario: un plan de movilidad que pretenda ir hacia algún lado debe empezar por erradicar todo aquello que no se mueva.
El segundo principio constituye una variante del primero: no ayuda a la movilidad lo que casi no se mueve. ¿Ejemplos? Casi no se mueve la camioneta que exhibe bocadillos de guayaba en su platón, mientras los anuncia con una destemplada grabación que viola las normas del Código de Policía sobre el ruido en el espacio público. Tampoco se mueven mucho los buses que reducen la velocidad en plena vía arteria, para que unos sujetos con planillas les hagan unos misteriosos controles operativos. Menos aún se mueve un aparatoso vivero ambulante, cuyos alegres funcionarios se esmeran para que cada familia bogotana adquiera una muestra de la vasta diversidad vegetal del país. (Y eso que los dueños del vivero ambulante aún no han visto la oportunidad de negocio que se les abriría si hicieran un joint venture con los dueños de una chiva... Ojala uno ya esté lejos cuando eso suceda.) Corolario: cualquier plan de movilidad debe mandar las actividades empresariales privadas a ámbitos privados, lejos de la vía pública.
El tercer principio de la movilidad tiene vigencia milenaria: dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo.
Este principio tiene una aplicación práctica: los buses que van por una vía de n carriles, la convierten automáticamente en una vía de n - 1 carriles cada vez que paran a recoger un pasajero fuera del paradero. Como eso lo hacen todos los buses en todas las vías de la ciudad, no es raro que la precaria malla vial bogotana se encoja cada vez más en lugar de expandirse como debería. Corolario:
¿hace cuánto se inventaron los paraderos de buses en el mundo desarrollado?
La simple observancia de esos tres principios revolucionaría la movilidad en Bogotá y garantizaría que durante varios lustros no se volviera a hablar de una ampliación del Pico y Placa, que es donde van a parar los planes de movilidad diseñados en 15 días.
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