Cuando se dice que China fue la gran ganadora de los Juegos Olímpicos, todos piensan en su apabullante ascenso deportivo: tercera en Sydney-2000, segunda en Atenas-2004 y primera en Beijing-2008. Pero el gran triunfo chino fue otro: quisieron aprovechar los Juegos para descrestar incautos con una imagen maquillada de su país, y lo lograron. Por ejemplo, hay que ver la cobertura de los medios de comunicación colombianos: todos descrestados con los estadios, los aeropuertos, las autopistas...
Si nuestros periodistas hubieran dejado de lado tanto provincianismo, habrían visto otras cosas menos deslumbrantes: un país vergonzante, represivo y obnubilado por las peores cosas del capitalismo. La reflexión sobre esos rasgos es importante para cualquiera que viva en este mundo, teniendo en cuenta que China será la inevitable potencia global de este siglo. Si alguien tiene dudas al respecto, aquí va un dato: según el Premio Nobel Robert Fogel, en 2040 China será el 40 por ciento de la economía mundial.
Cada vez que llega un nuevo jefe, es recomendable que sus subalternos conozcan su talante, así que empecemos. Como todo nuevo rico que se respete, el gobierno chino es vergonzante. "Que no se note lo pobre", suele ser el lema de quienes finalmente logran arañar la precaria satisfacción de la clase media. No sé si nuestros periodistas se enteraron: para construir estadios, aeropuertos y autopistas, el gobierno chino desplazó inmensas cantidades de pobres como quien barre la mugre debajo de la alfombra. Y a aquellos pobres que no pudo desplazar, los cubrió con vallas para que los turistas no los vieran. Esa misma actitud vergonzante los llevó a esconder a la niña que cantó en la inauguración de los Juegos (mientras era doblada por una niña más linda, porque qué dirá el mundo...) o a restringir el tránsito de más de dos millones de carros para que el aire de Beijing pareciera más limpio de lo que es.
El contraste entre la forma y el fondo nos lleva a la represión. No hay que volver a ver en Youtube lo sucedido hace dos décadas en la Plaza de Tiananmen, para recordar que el Partido Comunista chino mantiene su poder gracias a la feroz restricción de las libertades políticas. Pero como los Olímpicos fueron la feria del maquillaje, las autoridades designaron tres áreas oficiales en Beijing, donde los interesados podían hacer manifestaciones políticas contra el régimen, tras hacer la respectiva solicitud burocrática. ¿El resultado? No fue aprobada ninguna de las solicitudes de los manifestantes en potencia, y dos ancianas que hicieron los trámites terminaron recluidas en un centro de detención.
Los afanes represivos del régimen van de la mano de una realidad insoslayable: la China comunista ha sido reemplazada por una China consumista que se ha olvidado de la igualdad social.
Podríamos citar coeficientes de Ginni para mostrar que la distribución del ingreso en China es peor que en Estados Unidos, pero mejor veamos un ejemplo más colorido. Mientras las autoridades esconden a los pobres, uno de los ídolos de la China actual es el joven pianista Lang Lang, quien usa chaquetas Versace, tiene un contrato publicitario con los carros Audi y ha registrado su nombre para evitar que otros lo exploten comercialmente. Es tan grande el culto que hay en China a la riqueza y al mercado, que las palabras más buscadas en Google en 2007 fueron 'acciones' e 'índice de futuros bursátiles'.
Muchos occidentales creen que están descubriendo a China, pero no se dan cuenta que ellos nos descubrieron hace rato a nosotros.
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