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Mauricio Reina

Lo que no podía pasar

Publicado el 11-04-08

Y pasó lo que no podía pasar. Hace cuatro años, cuando empezó la negociación del TLC, nadie pensó que la discusión del acuerdo en el Congreso de E.U. se iba a dar en medio de una de las campañas presidenciales más álgidas que se han dado en mucho tiempo en ese país.

Más aún: hace cuatro años todos los analistas advertían, como por no dejar, que esa discusión no se podía dar en medio del debate electoral, porque así sería ine- vitable que el tema se politizara y terminara enredándose. Y digo que esas advertencias se hacían por no dejar, porque en ese entonces el año 2008 se veía lejos, muy lejos...

Pero la negociación avanzó a paso de tortuga y tomó alrededor de dos años y medio. En ese lapso hubo muchas cosas que dilataron el proceso, como la inflexible posición inicial del Gobierno colombiano de no negociar una parte importante del sector agrícola (posición que de repente se flexibilizó y solo sirvió para demorar las cosas), o los insólitos episodios en que los funcionarios colombianos llegaban a Estados Unidos y no había quién los recibiera, o los inexplicables tiempos muertos que aparecieron a lo largo de la negociación. Tiempos muertos como los que caracterizaron el año y medio que tardó la administración Bush en presentar el acuerdo al Congreso después de firmado, porque quería elegir el momento más propicio para hacerlo. Y vean ustedes qué momento ha elegido...

Ahora el TLC entre Colombia y E.U. está a punto de entrar al mundo académico como un ejemplo de libro de texto de lo que no hay que hacer en negociaciones comerciales internacionales. Y si por puro desdén, los autores de los libros de texto no se ocupan de este caso, por lo menos se ocuparán los editores del libro de récords Guinness: es la primera vez que la Casa Blanca envía un tratado comercial al Congreso sin contar con la anuencia de las mayorías parlamentarias, lo que resulta insólito teniendo en cuenta que esas mayorías pertenecen al partido de oposición. Todos creíamos que Bush sabía algo que los demás no sabíamos, pero no.

Y hay más récords. Nunca antes en la historia de las negociaciones comerciales en E.U. se había dado una situación como la que se presentó hace dos días, cuando Nancy Pelosi, líder de las mayorías demócratas en la Cámara, rompió una tradición de más de treinta años y envió el caso al Comité de Reglas para que aprobara la decisión de postergar la votación del tratado. Y mientras escribo esta columna, la plenaria de la Cámara decide si ratifica esa decisión y aplaza la discusión del TLC, con lo que escribiría una página sin precedentes en la historia comercial de E.U.

A estas alturas ya no se oyen discusiones sobre los efectos económicos del TLC (ya ni siquiera se oyen perlas como la de la parlamentaria demócrata Linda Sánchez, quien con su afirmación de que el tratado es malo para los trabajadores de ambos países, revolucionó el concepto de ventaja relativa de David Ricardo).

Tampoco se oyen discusiones sobre la importancia que tiene Colombia para E.U. en la geopolítica regional, y menos aún los detalles de los avances que ha hecho el país en la protección de los líderes sindicales... Lo único que se oye es el trastabillar de un pobre peón en un ajedrez político ajeno, en el que terminamos metidos, porque pasó lo que no podía pasar. Y pensar que las advertencias se hacían por no dejar...

Mauricio Reina

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