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Mauricio Reina

'FYI'

Publicado el 28-03-08

Hace años tuve una amiga que parecía ser la mujer perfecta. Con su inteligencia y su atractivo mantenía cautivada a media humanidad (los hombres) y celosa a la otra media (las mujeres).

Pero un día peló el cobre, cuando soltó esta perla tras haber maltratado a un subalterno: "estoy demasiado ocupada para ser amable". Ese día di por terminada nuestra amistad, porque concluí que no me interesaba andar con gente que cree que sus ocupaciones la eximen de esa actitud básica para la convivencia que es la amabilidad.

La convicción me duró poco. En los últimos meses he empezado a pensar que me conviene flexibilizar mis estándares si no quiero quedar aislado. A juzgar por la manera como han evolucionado los mensajes de correo electrónico, parece que ahora todo el mundo está demasiado ocupado para ser amable. En el pasado quedaron los mensajes con saludo, despedida y frases inteligibles. Ahora lo que le llega a uno por correo electrónico parece un ladrido.

Para empezar, ha caído en desuso la práctica de encabezar un mensaje con un saludo y el nombre del destinatario. Si uno está de buenas, se encuentra solo con un escueto 'Hola', y si está de malas, aterriza de bruces en la solicitud del remitente. (Claro que si el mensaje viene de una persona menor de 20 años, es probable que empiece con esta variante: "Mira que..."). Hay que advertir que esas fórmulas corresponden a las personas que creen estar demasiado ocupadas para ser amables, pero no a aquellas que además se consideran muy importantes: estas son peores. Las exclamaciones de los terratenientes en la literatura costumbrista palidecen al lado del estilo gamonal que se viene imponiendo en los mensajes de los jefes de ciertas empresas y organizaciones: "encárguese de esto".

Ahora bien: si el superior está un poco ocupado, deja el mensaje en blanco y pone la instrucción en el espacio correspondiente al 'asunto'. Y si resulta que está muy ocupado, se limitará a poner las instrucciones con siglas y abreviaturas, preferiblemente tomadas del inglés: FYI (para su información), ASAP (tan pronto como sea posible) y cosas así... qué gente tan cosmopolita. Claro que en cuestión de abreviaturas la amabilidad puede llegar a ser peor que la hostilidad. Tengo un amigo que vive en otra ciudad y que solo me escribe para pedir favores, y trata de compensar su frescura llenando sus mensajes con PF (por favor) por todos lados. Como no puede perder el tiempo que le hace perder a uno, pero ante todo es un caballero, se despide con unos cálidos SLDS.

El siglo XXI ha traído un cambio del que pocas personas se han percatado: cada vez nos vemos menos y nos escribimos más. Por eso nuestros mensajes de correo electrónico son nuestra imagen ante el mundo. En lugar de andar gastando fortunas en ropa y en Botox, la gente debería aprender a escribir mejor sus mensajes. Lo ideal sería consultar un buen libro, pero al respecto hay una noticia mala y otra buena. La mala es que, como dicen los vendedores de las librerías, ese libro no lo hay. El muy publicitado Send, de David Shipley y Hill Schwalbe, resultó ser la mayor decepción que me ha dado Amazon después del fiasco de On bullshit, una divagación de un profesor de filosofía de Princeton que es un ejemplo de su propio tema.

La noticia buena es que existe un nicho muy rentable por explotar. Si alguien quiere asociarse conmigo para hacer un libro sobre el tema, puede mandarme un mensaje por correo electrónico, preferiblemente que sea inteligible. SLDS. 

Mauricio Reina

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