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Hillary Clinton ha publicado tres libros (cuatro, contando un exótico ejemplar que pretende motivar a los niños a escribirles a sus mascotas) sin mucho éxito comercial: ninguno de ellos está entre los 20.000 títulos más vendidos en Amazon. Claro que eso no significa que no tenga cosas interesantes que contar, sino que no quiere contar las cosas más interesantes que ha vivido. Ahora se suma uno más a los libros interesantes que Hillary podría escribir y nunca escribirá: 'Cómo destruir un inmenso capital político en poco tiempo'.
Hace apenas cuatro meses Hillary parecía imbatible en su carrera para alcanzar la candidatura del Partido Demócrata para las elecciones presidenciales de fin de año, con una ventaja de más de 30 puntos sobre Barack Obama en las encuestas. Pero en un abrir y cerrar de urnas las cosas cambiaron por completo: de los 30 estados que han hecho elecciones primarias, Hillary solo ha ganado en 8. Los otros 22 han ido a parar a manos de Obama, quien ahora la supera por primera vez en cuanto al número de delegados que respaldan su potencial candidatura. Y aunque las cosas todavía no están definidas, la caída de Hillary parece imparable...
¿Cómo se explica semejante debacle? La razón no es política: no hay mucha diferencia entre las propuestas electorales de los dos candidatos. Lo que estamos presenciando es una lucha de personalidades. Con un carácter espontáneo y una retórica admirable, Obama se ha convertido en el candidato de la esperanza y el cambio, mientras Hillary no ha hecho otra cosa que pelar el cobre.
Lo primero que mostró fue una inmensa ingenuidad, al argumentar que ella también era la candidata del cambio. ¿Cuál cambio? Si Hillary ganara las elecciones, sería la primera presidenta de E.U. esposa de un ex presidente. Como si eso fuera poco, su triunfo extendería a 28 años el período en que los estadounidenses solo han visto a dos familias viviendo en la Casa Blanca: los Bush y los Clinton. Vaya cambio...
La segunda sorpresa que ha revelado Hillary es una combinación de inseguridad y falta de transparencia. Cuando los medios empezaron a criticar su frialdad, montó una escena frente a las cámaras y estalló en un mar de lágrimas, que por supuesto nadie tuvo que secar. Cuando los analistas señalaron que no tenía sentido del humor, empezó a soltar falsas carcajadas a diestra y siniestra como consta en múltiples videos de Youtube. Ahora le ha dado por aplaudir al son de la música en sus reuniones políticas, haciendo un remedo de baile cuya falta de gracia explica un par de cosas de su relación con Bill.
Con el paso de los días el cobre se puso más denso. Cuando Obama empezó a recortar terreno, los electores descubrieron en ella una personalidad hostil y vengativa. Para sorpresa de muchos, Hillary anunció sonriente que había llegado la parte divertida de la campaña y empezó a lanzar ataques personales a Obama. Fue entonces cuando se recordaron episodios infames de su pasado, como aquel de la época en que Bill era gobernador de Arkansas y alguien propuso un programa de descuentos para los adultos mayores. Hillary se opuso rotundamente, argumentando que jamás ayudaría a quienes no habían votado por su esposo.
Calculadora, insegura, postiza, vengativa y carente de gracia: así es la Hillary que se ha destapado en las últimas semanas y que está cada vez más cerca de perder la candidatura demócrata ante Barack Obama.
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