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Mauricio Reina

El bolívar débil

Si hoy no fuera 4 de enero sino 28 de diciembre, uno pensaría que se trata de un mal chiste: los venezolanos intentan estrenar su nueva moneda, el bolívar fuerte, tratando de comprar leche en cualquier tienda, pero no pueden hacerlo porque no hay. Lo mismo sucede con otros productos de primera necesidad. Y los afortunados que encuentran qué comprar, corren el riesgo de tener que dejar el número de su documento de identidad para garantizar que no tratarán de volver a hacerlo en un buen tiempo.

¿Qué clase de moneda es ésa, que no sirve para comprar los bienes de la canasta básica? Una moneda que sufre una profunda fragilidad. Como si se tratara de la cereza del postre de las medidas absurdas (el insólito cambio de hora, la modificación de la orientación del caballo del escudo patrio hacia la izquierda...), Venezuela ha inaugurado el año 2008 con una paradoja digna de Ripley: el estreno del pomposo bolívar fuerte en momentos en que su economía atraviesa la mayor debilidad de los últimos tiempos.
Algunos dirán que es absurdo hablar de debilidad después de que la economía venezolana creció más de 8 por ciento el año pasado. Como diría Larry David, moderen su entusiasmo... Lo absurdo es la manera como viene creciendo Venezuela, con un motor cada vez más endeble y unos desequilibrios macroeconómicos insostenibles.

El principal motor del crecimiento económico venezolano ha sido la expansión del gasto público, cuya participación en el PIB ha pasado de cerca de 20 por ciento a fines de la década pasada a más de 35 por ciento en el presente. ¿Y por qué es insostenible esa expansión, si el precio del petróleo ronda los 100 dólares por barril? Porque la producción de crudo atraviesa una situación crítica en Venezuela. La hostilidad del Gobierno hacia las empresas internacionales, y el alegre uso de PDVSA como botín burocrático (su nómina se ha duplicado en los últimos cuatro años) y como vaca lechera para los proyectos oficiales, se están sintiendo desde hace rato: según el Banco Central, la producción de petróleo ha caído durante seis trimestres consecutivos.

Pero hay más razones para asegurar que la situación es insostenible. El gasto desbocado ha recalentado la economía, convirtiendo a Venezuela en el país con mayor inflación del hemisferio. Esta situación ha demostrado que la política de control de precios impuesta por el Gobierno ha tenido resultados perversos: no ha servido para controlar la inflación, pero sí ha desincentivado la producción de bienes básicos.

Aunque el Gobierno asegura que el nacimiento del bolívar fuerte contribuirá a moderar el crecimiento de los precios, en el mejor de los casos la medida será estéril y en el peor escenario ayudará a alimentar la inflación. La eliminación de tres ceros de la moneda, que es la razón de ser del bolívar fuerte, es recomendable en economías que sufren procesos de inflación inercial, como fue el caso de Argentina a finales de los años ochenta. Pero en el caso de Venezuela la inflación es producto de un evidente exceso de demanda, que quizás se exacerbe en la medida en que los consumidores vean que los precios tienen tres ceros menos y que tienen una moneda 'fuerte' para gastar.

Y mientras todo esto sucede, el desequilibrio del mercado cambiario sigue ahí, con un dólar paralelo que se cotiza al triple de la tasa de cambio oficial y que presagia la mayor de todas las paradojas: cada vez es más probable que las autoridades venezolanas tengan que devaluar el bolívar fuerte en el mismo año de su nacimiento.

* Los comentarios expresados en esta columna no comprometen a la institución. 

Mauricio Reina

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