Antes de que otro nuevo escándalo de corrupción del Gobierno aparezca y relegue al olvido el desvergonzado regalo de recursos del Estado a reinas de belleza, empresarios millonarios, narcotraficantes extraditados y financiadores de la reelección presidencial, hay que repasar el proceso de revelación de este escándalo y los intentos de respuestas oficiales para acallarlo. Hay que resaltar el papel jugado por los medios de comunicación, en particular la revista Cambio y Noticias Uno. De no ser por estos excelentes ejemplos de periodismo investigativo y por la resonancia que le dieron los demás medios, el país continuaría ignorante de estos contubernios y desde el Ministerio de agricultura se seguiría utilizando el presupuesto nacional para pagar favores políticos. Lo que resulta difícil de creer es que el Ministro del ramo y el ex ministro Arias no tuvieran conocimiento de quiénes recibían los millonarios regalos, que son hechos tan protuberantes que periodistas los pudieron descubrir en la escasa información pública que se conoce sobre la repartija del AIS. Por eso, no son creíbles las respuestas que fueron dando esos funcionarios a las denuncias periodísticas conforme se iban revelando más detalles de las componendas para apropiarse de recursos públicos. Hoy se sabe que las primeras respuestas fueron mentiras, las siguientes verdades a medias para encubrir el escándalo y las últimas, un burdo intento por evadir su responsabilidad. En efecto, la reacción inicial del Ministro y del candidato Arias fue negar de plano que hubiera alguna irregularidad en la distribución de los regalos de AIS. El Ministro afirmó enfáticamente que ninguno de los favorecidos con la generosidad estatal había financiado las campañas del presidente Uribe, hasta que los noticieros de televisión con documentos en mano hicieron evidente su mentira. Entonces recurrió al bajo expediente de revelar los nombres de otros personajes conocidos que habían recibido créditos reembolsables de AIS, no regalos directos, para mostrar que también había personas honorables dentro de los beneficiados. Arias, por su parte, escribió en su columna periodística que AIS "es transparente y blindado de presiones políticas o electorales", y que cada uno de los favorecidos "presentó un proyecto diferente, en un predio diferente, con fuente hídrica independiente que cumplió todos los requisitos". Para sustentar la veracidad de sus afirmaciones ofreció retirarse de la vida política si se demostraba alguna actuación irregular suya en este caso. Cuando, ante la evidencia de las irregularidades, el propio Presidente reconoció que sí había trampas en la distribución de recursos de AIS y que había que recuperar esa platica, la reculada de estos dos funcionarios fue espectacular. El Ministro anunció la investigación exhaustiva para castigar a los culpables y suspendió el desembolso de regalos para proyectos de riego, pero dentro de su vocabulario no se conjuga el verbo renunciar ni se incluyen palabras como responsabilidad o dignidad. El candidato Arias puso cara compungida ante las cámaras y declaró que lo habían asaltado en su buena fe, es decir, que todo fue a sus espaldas, y que los responsables eran esos empresarios tramposos -los mismos que él había defendido con ahínco- que habían engañado al Estado. Además, como el niño que se defiende escondiéndose en las faldas de la mamá, repitió su mantra de que esto era un ataque de "quienes están en contra de la política de Seguridad Democrática del presidente Uribe". Entonces los únicos responsables del peculado van a ser unos empresarios tramposos y unos mandos medios que no hicieron bien su tarea de verificar las solicitudes. Pero quienes diseñaron el programa AIS y obtuvieron réditos políticos por los recursos regalados, van a pasar de agache y sin asumir ninguna responsabilidad política.
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