No es lo mismo decir que 'la crisis ya tocó fondo', a afirmar que 'ya pasó la crisis, y la diferencia tiene serias implicaciones para la política económica.
La primera afirmación significa que la economía ya dejó de ir cuesta abajo en su rodada y que indicadores económicos como empleo, producción industrial, ventas del comercio o construcción siguen siendo negativos, pero están decreciendo menos que antes. La segunda quiere decir, que la economía ya recuperó su senda de crecimiento y que esos indicadores son positivos.
Un ejemplo médico ilustra la diferencia. Es distinto que al paciente con un tumor su médico le diga "buenas noticias, el tumor dejó de crecer y está disminuyendo", a que le diga "felicitaciones, el tumor desapareció". En el primer caso no se puede bajar la guardia, sino seguir con el tratamiento, mientras que en el segundo, la curación es completa, aunque queden las secuelas tanto de la enfermedad como de los remedios aplicados.
El ejemplo no es perfecto porque, a diferencia de enfermedades que pueden ser terminales, los ciclos económicos son siempre transitorios. Ya aprendimos que ni siquiera la reelección de la confianza inversionista produjo una bonanza económica permanente, y de la misma manera se sabe que aún las peores recesiones terminan en algún momento. En lo que sí aplica el símil médico es que la rapidez con que desparezca la enfermedad depende de lo acertado y oportuno del tratamiento.
De la actual recesión mundial se ha dicho que se trataba de la peor crisis desde la Gran Depresión de los años 30; sin embargo, tan solo un año después del estallido de la burbuja financiera ya hay algunos síntomas positivos, -los precios de las acciones suben, los de la vivienda ya no caen más, los bancos vuelven a dar utilidades- que permiten ver la luz al final del túnel, aunque no hayamos salido de él. ¿Quiere esto decir que estaban equivocados quienes predijeron una hecatombe financiera?
No. La realidad es que estaban dados todos los ingredientes para una tormenta perfecta que hubiera podido arrastrar a la economía mundial a una profunda crisis, pero cuando sonaron las alarmas los médicos respondieron con prontitud y aplicaron la medicina correcta, que fue nada menos que una masiva y enorme intervención estatal para rescatar al sector privado y a los mercados de sus errores y excesos producidos por la falta de regulación y control.
En efecto, fueron los gobiernos de los países afectados, con poco honrosas excepciones como el de Colombia, y los bancos centrales los que aplicaron una terapia de choque keynesiana, aumento del gasto público y emisión monetaria a manos llenas, que evitó el colapso del sistema bancario y está empezando a reanimar la demanda interna y a recuperar los flujos del comercio internacional. Keynes tenía razón. Pero no se puede bajar la guardia, porque aunque la crisis tocó fondo todavía continúa el estancamiento económico. El propio Ministro de Hacienda reconoció que la economía colombiana se demorará 3 ó 4 años para retornar a tasas de crecimiento superiores al 4% .
Todos los analistas coinciden en que la secuela más grave de la crisis es el desempleo que seguirá aumentando aún después de que termine la recesión. En E.U. y Europa se espera que sólo hacia finales del 2010 vuelva a disminuir, mientras que en Colombia la situación es más grave, porque ya tenemos el nivel de desempleo más alto de la región.
En lugar de dedicarse a tratar de conservarle el empleo al presidente Uribe por otros cuatro años, el Gobierno y el Congreso deberían buscar solución al drama de millones de compatriotas que no tienen un trabajo digno.
macabrera99@hotmail.com
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