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Mauricio Cabrera Galvis

Defensa de la democracia

Publicado el 24-06-08

Cada vez son más los amigos y partidarios del presidente Uribe que le aconsejan, le sugieren, le piden, que no cometa el error de buscar la segunda reelección. Periodistas, políticos, académicos y hasta empresarios que son uribistas de primera línea, coinciden en que volver a cambiar la Constitución para permitir un tercer período del presidente no solo sería muy grave para las instituciones democráticas del país, sino también perjudicial para la imagen del mismo Uribe.

Hasta ahora, Uribe no ha escuchado estos consejos ni ha desautorizado la recolección de firmas para el referendo que permitiría el tercer mandato; por el contrario sigue en campaña muy activa repartiendo cheques, subsidios y favores estatales a lo largo y ancho del país como si estuviera en víspera de elecciones.

Como es muy probable que no cambie de opinión y siga en su empeño de perpetuarse en el poder, son muy importantes y oportunos los acuerdos que están buscando el Partido Liberal y el Polo Democrático para impedir este atentado contra la democracia.

La estrategia que han esbozado el ex presidente César Gaviria y el ex alcalde Lucho Garzón para defender la democracia incluye dos etapas. La primera, formar una amplia coalición suprapartidista para derrotar en las urnas el referendo para la reelección con el arma más efectiva para hacerlo que es la abstención activa: no votar en el referendo para que no se consiga el 25 por ciento del censo electoral necesario para su aprobación, como ya se logró en el primer referendo de Uribe. La segunda, en caso de no tener éxito en la anterior, es hacer una consulta entre los partidos de la oposición para escoger un candidato único que enfrente a Uribe en el 2010.

La primera etapa no ha tenido objeción alguna, y hasta es posible que a ella se unan grupos del Partido Conservador o Cambio Radical, que quieren tener candidato propio y otros uribistas que quieren preservar la democracia. Es la segunda etapa, la que ya ha generado polémica y rechazo en los sectores más radicales del liberalismo y el Polo, con el argumento de que el problema no es de personas, sino de acuerdos programáticos que son difíciles de lograr entre fuerzas políticas que tienen grandes diferencias ideológicas.

Estas críticas, supuestamente radicales, son infundadas. La propuesta de Gaviria y Garzón solamente equivale a anticipar lo que de todas maneras ocurriría en una eventual segunda vuelta en la que habría un solo candidato frente a Uribe, alrededor del cual se tendrían que unir todas las corrientes de oposición. Recuérdese que los socialistas franceses votaron por el conservador Chirac para derrotar al ultranacionalista Le Pen. Más aún, anticipar la escogencia del candidato único tiene grandes ventajas: de una parte, permite una campaña más amplia y no reducida al mes y medio que hay entre la primera y la segunda vuelta, y de otra parte, da tiempo para lograr acuerdos políticos y programáticos que vayan más allá de la coyuntura electoral.

El Partido Liberal y el Polo tienen diferencias, pero también muchos puntos de cercanía y creo que es posible construir un programa de Gobierno conjunto que tenga una verdadera orientación social demócrata y trabaje por la equidad y el bien-estar de la población. Pero si Uribe logra cambiar la Constitución para su tercer mandato, buscar un candidato único que se le enfrente puede ser una estrategia equivocada.

En las actuales circunstancias, sin un verdadero estatuto de la oposición, no hay las garantías mínimas para enfrentar a un presidente-candidato que sigue utilizando los recursos del Estado para su campaña. Es muy difícil derrotar a un candidato-presidente que atiende los derechos básicos de los ciudadanos a salud, educación y vivienda como dádivas personales del mandatario para mantener su popularidad. Tal vez la mejor manera de enfrentarlo sea retirarse de las elecciones y dejar a Uribe como único candidato, como lo hizo el liberalismo frente a Laureano Gómez, y la oposición peruana frente a Fujimori. Así será evidente que la segunda reelección quebranta la democracia.

Mauricio Cabrera Galvis

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