Apaciguados, por lo menos por un tiempo, los tambores de guerra con los vecinos, por esos milagros de la diplomacia que permiten pasar de los insultos a los abrazos en cuestión de minutos, es posible volver a mirar los hechos que produjeron la crisis; analizarlos y reflexionar sobre lo que ya es historia pasada para cumplir la labor propia de la filosofía, ese "Buho de Minerva que se levanta al caer la tarde" como decía Hegel, y plantea preguntas incomodas pero necesarias.
La muerte del jefe guerrillero 'Raúl Reyes' dejó una sensación de alivio y victoria en la sociedad colombiana, pues se trataba de un personaje sindicado por la justicia de más de un centenar de crímenes tan atroces como el secuestro; además el debilitamiento de las Farc es indispensable no solo para lograr la paz en nuestro país sino, qué paradoja, para avanzar en las reformas sociales y políticas por las que dice luchar esa guerrilla. Hasta aquí el consenso es general: se logró un resultado muy positivo.
El debate surge cuando se analizan los medios que se utilizaron para alcanzar ese fin y se plantean preguntas como por ejemplo ¿en la guerra todo vale?, ¿para defenderse de los terroristas un Estado puede rebajarse a utilizar métodos similares a los de sus adversarios?, ¿dónde queda la legitimidad de un Estado que irrespeta las normas del derecho internacional para alcanzar sus fines?, ¿es válida para Colombia la doctrina bushiana de la guerra preventiva, aunque haya sido rechazada por toda la comunidad internacional?
En su labor pedagógica por la convivencia ciudadana, Antanas Mockus enseñó cómo la 'cultura del atajo', es decir, tomar atajos para lograr más rápidamente los objetivos buscados, puede servir para obtener resultados a corto plazo, pero que cuando la sociedad acepta utilizar todos los medios para lograr sus objetivos tarde o temprano acaba pagando las consecuencias. Para Mockus la corrupción, el clientelismo, la violencia e inclusive el secuestro son manifestaciones del 'atajismo', cultura que acabará por desintegrar a la sociedad cuando es auspiciada por el mismo Estado. La crítica de todos los países latinoamericanos a la violación del territorio ecuatoriano muestra cómo los atajos son repudiados por la comunidad internacional.
"La vida es sagrada" es otro tema mockusiano que debe considerarse en este caso. Es aterrador ver el odio que destilan la mayoría de las opiniones enviadas a las páginas web de los periódicos, comentando la noticia de la muerte de 'Reyes' y cómo aprueban cualquier cosa que se haya hecho con tal de acabarlo, aún el matar a otros 17 ó 20 jóvenes que no son inocentes, pero que tampoco son tan culpables como el jefe guerrillero. Entonces, ¿se justifica la pena de muerte para este tipo de criminales?, ¿debemos cambiar la Constitución que la prohíbe?, ¿aún los criminales más sanguinarios no tienen derecho al debido proceso en un juicio?
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La marcha del 6 de marzo no contó con el respaldo oficial ni de los medios de comunicación, y no fue tan multitudinaria como la del 4 de febrero, pero dejó un mensaje claro: para muchos colombianos no es admisible ningún tipo de violencia. Quiero compartir con los lectores la reflexión de un amigo sobre este tema.
"No estoy en contra ni en favor de los paramilitares. No estoy en contra ni en favor de las Farc. No estoy en contra ni en favor de Uribe. Estoy en contra de cualquier asesinato y desapruebo que alguien lo cometa o lo propicie, cualquiera que sea su justificación. Estoy en contra de las 'soluciones' militares, cualquiera que sea justificación y su promotor. Estoy en contra de las masacres, bien sean con motosierra 'paraca', cilindro 'fariano' o avión bombardero gubernamental. Estoy en contra de las retenciones ilegales de personas, cualquiera que sea el uniforme del carcelero. Y estoy en contra de cualquier victoria que no implique niños que se acuestan sin hambre, agua en las casas de los campesinos, educación para todos y un empleo seguro".
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