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Manuel José Cárdenas

El futuro de la Comunidad Andina

Publicado el 16-06-09

Ante las dificultades que atraviesa el proceso andino de integración se ha sostenido, con motivo de cumplirse 40 años de la suscripción del Acuerdo de Cartagena -quizás por desaliento ante muchos esfuerzos fallidos-, que sería mejor abandonar los aspectos económicos y comerciales del mismo y centrarse en los aspectos sociales y ambientales. Al respecto hay que recordar, categóricamente, que la esencia de la integración andina es de carácter económico y comercial y que en el momento que abandone este enfoque perderá su razón de ser.

Es oportuno recordar que la creación de un acuerdo subregional, compuesto por los países andinos de mercado insuficiente (Colombia, Perú, Chile y Venezuela), y de menor desarrollo económico relativo (Bolivia y Ecuador), buscaba avanzar en la creación de un mercado común en América Latina para que en un periodo de tiempo determinado estos países estuvieran en capacidad de competir, en igualdad de condiciones con los países más desarrollados de la región (Argentina, Brasil y México), y acelerar su desarrollo económico y social. Con este propósito se diseño un proceso de integración cerrado, con el fin de dilatar el horizonte de sustitución de importaciones y ampliar el mercado para los productos originarios de los países miembros a través del perfeccionamiento de una zona de libre comercio. Al llegar, en los años 90, el proceso de globalización, se cambió este modelo cerrado por uno abierto y se amplió el proceso a otros aspectos políticos económicos y sociales, pero partiendo de la base de que la espina dorsal de proceso era la integración económica. Este cambio permitió que la zona de libre comercio fuera una realidad.

Al iniciarse este siglo, las diferencias ideológicas existentes entre los gobiernos de los países miembros han derrumbado los logros alcanzados en los 90, aunque se mantiene un dinámico comercio intrarregional. La Comunidad Andina ha entrado en una crisis de identidad y esta dando palos de ciego. El problema no surgió sólo con la decisión de algunos de sus países miembros de celebrar TLC con E.U., sino fundamentalmente, por el hecho de haber aceptado participar en la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que busca, de manera amorfa e imprecisa, prácticamente lo mismo que busca la CAN, pero con menos posibilidades para lograrlo por la debilidad de su marco institucional y la carencia de instrumentos adecuados.

Lo que procede, por lo tanto, es que la CAN recupere su vocación comercial, haga plena realidad la zona de libre comercio entre los Países Miembros a través de Acuerdos de Alcance Parcial de Aladi, estreche sus relaciones con la región, y dentro de un modelo de regionalismo abierto busque insertarse en el mundo globalizado.

Lo anterior implica volver a pensar a Latinoamérica 'desde adentro', para parafrasear a Zunkel, porque como lo recordó Nouriel Roubini, profesor de economía de la Universidad de Nueva York, el comercio con los países desarrollados ha sido el principal canal de contagio de la crisis financiera. Por lo tanto, los países deben, sin abandonar el modelo de crecimiento basado en las ventas al exterior, concentrarse más en su mercado interno y en la integración con sus vecinos, pero con un enfoque distinto.

Hoy el problema no es de economías de escala, sino de incorporación a las cadenas de valor, empezando a nivel regional. 

Manuel José Cárdenas

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