He tenido la oportunidad de asistir a muchas asambleas del BID y no tengo duda de la que se realizó la semana pasada en Medellín, que coincidió con los 50 años de la institución, ha sido una de las mejores, no solo por el compromiso del Gobierno Nacional, sino por el esfuerzo masivo de los antioqueños, su gran espíritu cívico y la recuperación espléndida de la ciudad, de la cual todos los colombianos estamos justamente orgullosos.
Hubo coincidencia en la Asamblea de que una prolongada recesión económica en los países ricos, combinada con una reducción de los flujos de capital, podrían deteriorar la situación fiscal, la liquidez y el sistema bancario de varios países en la región y que se requiere al apoyo de la banca multilateral, especialmente si el acceso a los mercados crediticios permanecen limitados por varios años. Por eso, es indispensable la reposición del capital de BID, el cual es un proceso lento, que en casos anteriores ha durado entre tres y cinco años, ya que una estrategia para definir los recursos adicionales implica no solo determinar su monto, sino la destinación de los mismos para apoyar programas de protección social, reducción de la pobreza y la desigualdad, inversiones en infraestructura y en medidas relacionadas al cambio climático.
Quizás uno de los temas centrales que se analizaron en las conferencias previas a Asamblea, que no ha sido muy comentado por la prensa, es que para superar la crisis no bastan medidas de corto plazo, sino que se requieren acciones de largo plazo que tengan en cuenta que la crisis trasciende lo financiero y aún lo económico, y lo que se necesita es refundar la globalización. Es un problema sistémico y no de coyuntura que abarca a la economía real. El hecho es que estamos ante la presencia de una nueva configuración del poder político y económico, como lo planteo Alain Touraine en la Asamblea, y lo ratificó Félix Peña en el excelente seminario que realizó la Escuela de Negocios de la Universidad Sergio Arboleda sobre la crisis y el comercio internacional.
Estados Unidos cada vez más tendrá que compartir su liderazgo, especialmente en materia económica, con la UE y China, y no va a poder imponer sus puntos de vista como lo pudo hacer al final de la Segunda Guerra Mundial como líder indiscutible del mundo libre.
La prueba de ello es el extenso comunicado del G-20, el cual hay que analizarlo dentro de este contexto como fruto de una transacción que, fuera de los recursos financieros aportados y la creación de un Consejo de Estabilidad Financiera sin funciones definidas, no establece compromisos concretos, sino declaraciones de buena voluntad, consideradas por algunos como de carácter mediático.
Pero quizás la falencia mayor de este comunicado, por tratarse de una crisis sistémica, es que solo mira el corto plazo e ignora el largo periodo. En este sentido, como lo sostuvo en la Asamblea del BID Juan Enriquez Cabot del Massachusetts Institute of Technology, autor del best seller Mientras el futuro te alcanza, América Latina y el Caribe no serán viables, sino producen una revolución del conocimiento. La agenda de desarrollo económico de los países de la región es equivocada, porque sigue discutiendo si se va a hacer una fábrica, una represa o un puerto. Nada de eso importa hoy: lo que importa son las mentes, la educación, la ciencia. Importa que esas mentes puedan proteger y vender conocimientos al resto del mundo. Los países que entendieron esto, como Singapur, son los países que van a dominar el planeta. Los demás están perdiendo el tiempo.
emece1960@yahoo.com
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