Barack Obama no es el político común que llega a la presidencia de Estados Unidos. Ciertamente es un personaje singular por su origen racial -es hijo de un padre negro keniano y de una mujer blanca de Kansas-, su extraordinario esfuerzo de superación personal -se hizo por sí mismo- y su amplia visión del mundo. Es un personaje con diferentes caras, pues como lo ha anotado la revista Time, su genoma es global, su mente es innovadora, su mundo es en red y su espíritu es democrático.
Obama considera que ha recibido un fuerte mandato para el cambio y que gobernar no debe basarse en orientaciones ideológicas, sino en competencia y confidencia, lo que en su concepto implica trabajar para resolver las necesidades, los sueños y las esperanzas de la gente del común. Así como tiene una agenda interna para resolver la peor crisis financiera desde la Gran Depresión, reducir los costos de la salud y aumentar su cobertura, revitalizar el sistema educativo público y crear una nueva economía energética, ha planteado una agenda externa para cerrar a Guantánamo y restaurar el balance entre la seguridad y la Constitución, el retiro de las tropas norteamericanas de Irak, replantear el caso de Afganistán para considerarlo como un problema integral con India-Pakistán-Kashmir-Irán, fortalecer la Alianza Atlántica y dar más importancia al conflicto de Israel y Palestina.
En sus últimas intervenciones también ha planteado la necesidad de dar más atención a América Latina, ya que es consciente de que Estados Unidos ha descuidado a sus vecinos, reconociendo que sus relaciones tienen un gran potencial. Y, finalmente, busca fortalecer la relación con China y la Cuenca del Pacífico.
Su programa no es fruto de la improvisación, sino de las reflexiones contenidas en sus libros: Sueños sobre mi padre: una historia de raza y herencia. y La audacia de la esperanza: cómo restaurar el sueño americano. Con ellos demuestra su capacidad para alternar y conjugar en un mismo discurso tres planos de la realidad totalmente distintos: una entrañable y atípica historia personal que recorre todos sus libros de principio a fin como un hilo conductor, el relato intenso y cronológico de sus últimos años de trayectoria política, culminados con su llegada al Senado por Illinois; y, por último, un recorrido por los temas que más le preocupan de la política estadounidense.
Ello es quizá lo mejor de estos libros que combinan, de forma original, lo que se supone que debe ofrecer al lector un libro de memorias, esto es, los recuerdos personales o familiares de un individuo contados con sentimiento y unas dosis de dramatismo y de superación, junto con una serie de explicaciones o posibles soluciones a los problemas más recientes que vive la población norteamericana.
En cierta forma estos libros se parecen a los que escribió el ex presidente López Michelsen en su temprana juventud y a lo largo de su extensa vida política, donde puso de presente la realidad nacional y su visión sobre la forma como él concebía los cambios que había que hacer. Pero lo mejor del pensamiento de Obama solamente podremos conocerlo al final de su mandato, cuando con estos antecedentes y su personal ingenio, nos dé la visión sobre su Gobierno y sobre los cambios que emprendió valerosamente en los albores del siglo XXI para lograr un mundo mejor.
emece1960@yahoo.com
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