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Manuel José Cárdenas

La prosperidad al debe

Publicado el 20-10-08

En 1928, Alfonso López Pumarejo acuñó la frase de que el país había vivido una bonanza ficticia basada en el crédito, y aunque Esteban Jaramillo, entonces ministro de Hacienda, sostuvo la tesis contraria, en el sentido de que no podía haber prosperidad sin crédito, sobrevino las crisis económica y financiera mundial de
1929, que afecto a varios países, entre ellos a Colombia.

Cayeron los bonos colombianos, el mercado bursátil, formalizado unos meses antes, el precio del café, prácticamente el único producto de exportación de la época; todos bajaron dramáticamente.

Aunque se ha dicho que la crisis actual no puede compararse con la de 1929, el hecho es que ambas se originaron en un crash bursátil. Provocaron una reacción en cadena del sistema financiero, cayeron las acciones y numerosos bancos han tenido problemas de solvencia y liquidez.

En ambas crisis, el sector de los servicios ha sido el detonante y esta circunstancia a dado origen a un conjunto de reflexiones que bien vale la pena comentar y que ya planteaba, en 1973, Daniel Bell en su libro El advenimiento de la sociedad postindustrial.

Una sociedad de servicios, sostenía Bell, y la estructura social coetánea que ella implica, ha invertido los viejos principios calvinistas del ahorro, el trabajo duro y de la esperanza de gratificación para un mundo futuro y trascendente. La sociedad, y con ella la vida, está ahora dominada por la cultura del disfrute inmediato.

En los años posteriores esta tendencia continúa, crece y se generaliza, porque el ahorro, que la economía clásica consideraba y se creía que era locomotora del crecimiento, ha sido reemplazado por el crédito.

Frente a la vieja virtud del ahorro ha triunfado de forma general y casi en forma exclusiva el aumento obligado de la deuda, la generalización de la hipoteca y la incertidumbre futura. Varias crisis financieras, externas e internas, sirven en los últimos años para confirmar esta afirmación.

La capacidad para endeudarse ha desbancado y sustituido, con una prisa hasta ahora desconocida, a la vieja virtud del ahorro.
En precipitada marcha hacia el futuro, ni los individuos, ni las empresas, ni las diferentes economías, sean cual sean sus características, se han mantenido sin el permanente aumento de los créditos.

Lo preocupante de esta situación, como alguna vez también lo planteó Hernán Echavarría, es que en lugar de volver a estimular el ahorro y la inversión, las medidas que se plantean para superarla solo buscan restablecer el crédito, para que éste pueda reactivar a la economía dentro de los mismos parámetros que han conducido a la grave crisis actual.

Como decía Keynes en 1930, "los errores desastrosos que hemos cometido, nos han hecho ciegos a lo que avanza bajo la superficie, a la verdadera interpretación de las tendencias de las cosas".

emece1960@yahoo.com

Manuel José Cárdenas

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