En 1992, Francis Fukuyama, declaró que la caída del comunismo significaba el fin de las ideologías. En Colombia, dentro de la misma línea de pensamiento, el presidente Uribe ha sostenido que la diferencia entre derecha y izquierda no tiene ya sentido, porque la considera resultado de una perspectiva simplista, válida en la época de las dictaduras y no en las condiciones democráticas actuales. Extendiendo estas ideas del plano político al económico, sostiene que no se debe hoy hablar de neoliberalismo y socialdemocracia, sino que se debe buscar la intervención del Estado para corregir fallas del mercado y garantizar la inversión privada que ayude a cumplir sus fines sociales.
El debate entre la izquierda y la derecha ha surgido en la campaña presidencial de E.U. y, como lo sostiene Joseph E. Stigliz, todos los candidatos prometen defender el crecimiento económico, lo que haría pensar que los votantes no tendrían más que elegirlos por sus condiciones personales. Sin embargo, las cosas no son tan fáciles, porque, en su opinión, además de los aspectos favorables o desfavorables de la coyuntura internacional, que inciden en el éxito o fracaso de las políticas, existen grandes diferencias en las estrategias de crecimiento que proponen.
La primera diferencia tiene que ver con cómo se concibe el crecimiento en sí, ya que no es solo cuestión de aumentar el PIB, sino que debe ser sostenible e incluyente. Al menos una mayoría de los ciudadanos deben resultar beneficiados. La segunda diferencia importante entre la izquierda y la derecha tiene que ver con el papel del Estado a la hora de promover el desarrollo.
Mientras la izquierda ahora entiende a los mercados y el papel que pueden y deberían desempeñar en la economía, la derecha, no. En opinión de Stiglitz, "la Nueva Derecha, estereotipada por la administración Bush-Cheney, es realmente corporativismo del viejo bajo un nuevo disfraz. No son libertarios. Creen en un Estado fuerte con poderes ejecutivos robustos, utilizado en defensa de intereses establecidos, que brinda escasa atención a los principios del mercado". La lista de ejemplos es larga, pero incluye subsidios a grandes granjas corporativas y aranceles para proteger a la industria de acero. La inconsistencia entre retórica y realidad es de larga data: el proteccionismo se remonta al Gobierno de Reagan, con la imposición de las llamadas restricciones voluntarias a las exportaciones de autos japoneses.
Al respecto surgen algunas preguntas aplicables al caso colombiano ¿Las políticas de incentivos, descuentos y subsidios para determinados sectores son un remedo de la política corporativista, de viejo cuño, que no comprende con claridad globalización, como se plantea en Estados Unidos? ¿Estas políticas son incompatibles con el cambio de la coyuntura económica que exige mayores sacrificios fiscales?
¿Los programas 'Familias en Acción' son suficientes para adelantar una política social que disminuya la pobreza y que sea sostenible e incluyente? ¿No sería importante que se adelantara una discusión nacional sobre estos temas, para diseñar nuevas estrategias que vinieran a complementar las políticas de Seguridad Democrática que tan buenos resultados han producido en estos años, y que permitieran una mejor inserción del país en la economía mundial?
emece1960@yahoo.com
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