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Manuel José Cárdenas

Impactos territoriales de la globalización

Publicado el 30-06-08

Como es sabido el proceso de desindustrialización del país no empezó en la década del noventa, con la apertura de la economía, sino que se remonta a la segunda mitad de los años setenta, cuando se estancó la participación del sector en el PIB. El gran ganador en estos años, ha sido el sector minero, que había ocupado un papel secundario desde comienzos del siglo XX, el petróleo y gas, así como los sectores de servicios 'dinámicos' (transportes, comunicaciones y servicios financieros).
Para revertir esta situación, durante la administración Samper se gestó una política industrial para la apertura, basada en acuerdos de competitividad para cadenas productivas, así como la formación de conglomerados productivos en algunas regiones.

Aunque este modelo se ha mantenido en las administraciones posteriores, como lo sostiene José Antonio Ocampo, no han podido estructurarse como verdaderas políticas de Estado.

En un interesante libro, que lleva el título de este artículo, Edgard Moncayo Jiménez, ha profundizado el análisis de este tema, para examinar cuál ha sido el efecto de la apertura en las economías departamentales, no sin dejar de anotar que como consecuencia de falta de políticas adecuadas "el país ha sufrido un proceso de desindustrialización prematura y negativa; y su ilógico e inconveniente reflejo, que es también una terciarización prematura y espuria".

Todo esto ha conducido, en opinión del autor, a que al inicio del siglo XXI, el mapa económico de Colombia sea un mosaico donde coexisten explotaciones mineras de enclave; regiones agrícolas con bajo valor agregado y escasa proyección internacional; y unos pocos centros urbanos -industriales que no logran hacer el tránsito hacia plataformas con altos niveles de productividad, innovación y conocimiento.

Dentro de este enfoque, destaca como departamentos ganadores en los años noventa, los que se especializaron en minería y petróleo (Córdoba, Cesar, Arauca y Casanare), conocidos como las 'regiones commodities'. Hubo también algunos departamentos dinámicos que apostaron a especialización en manufactura (Cundinamarca, Bolívar, Cauca y Santander). El resto de los departamentos, incluyendo a Bogotá, se consideran como perdedores.

Como puede observarse estos sugestivos planteamientos merecen un análisis cuidadoso, imposible de hacer en artículo periodístico, y plantean la necesidad de una mayor presencia del Estado, tanto más, cuando la bonanza internacional tiende a revertirse y se pone cada vez más de presente que para el desarrollo económico y social del país no basta el proceso de internacionalización de la economía, sino que, siendo ella necesaria, se requieren también políticas internas de fomento muy bien estructuradas, concebidas a largo plazo, y que no sean simplemente, para apagar incendios y resolver problemas coyunturales.

Manuel José Cárdenas

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