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Juan Camilo Restrepo

Juegos de poder

Publicado el 15-04-08

Está en cartelera una excelente película que se titula Juegos de poder, protagonizada por Tom Hanks y Julia Roberts. El film se refiere a cómo un parlamentario de Texas y una millonaria del mismo Estado, lograrán movilizar en los años ochenta al Gobierno de Washington ante la invasión rusa de Afganistán. Urgieron para que se dotara de armas modernas a la resistencia afgana, lo que le permitió a esta propinarle a las fuerzas soviéticas una derrota apenas comparable a la que sufrieron los Estados Unidos en Vietnam.

La película sirve para entender lo que está sucediendo con el enredado TLC entre Colombia y los Estados Unidos e ilustra cómo es de fuerte el poder de los parlamentarios norteamericanos para movilizar -o para bloquear- la política exterior deseada por la Casa Blanca.

Colombia olvidó inicialmente esta regla de oro y puso todas sus esperanzas en la bancada republicana y en el señor Bush. Fue un grave error de cálculo. Cuando acatamos que los demócratas se habían apoderado de las mayorías del Congreso en las últimas elecciones, el desesperado lobby con estos resultó tardío. Y, además, ha quedado inmerso en el peor momento: el de las elecciones presidenciales. Los dos candidatos demócratas han descubierto que da buenos dividendos mostrarse renuentes frente a acuerdos de libre comercio como el de Colombia.

El desafortunado episodio del asesor de la señora Clinton, Mark Penn, que resultó lobbista de Colombia en un claro conflicto ético y de intereses que lo llevó a renunciar como asesor de la candidata, y al Gobierno colombiano a cancelar el jugoso contrato de relaciones públicas que su firma tenía con nuestro país por US$ 300.000, en nada ayudó a clarificar la suerte del TLC. Como tampoco resultan útiles las airadas reconvenciones que el presidente Uribe le ha lanzado al señor Obama por sus reservas con relación al Tratado.

Todo esto desconoce una lógica implacable: los Estados Unidos están en campaña. Los candidatos demócratas no apoyan el TLC con Colombia, porque creen que les representaría un alto costo electoral. Y llueva o truene no van a cambiar su posición antes de las elecciones de noviembre.

La jugada del Gobierno Bush de presentar al Congreso la ratificación del TLC (sin tener certeza de contar con las mayorías y aduciendo razones de seguridad nacional), mostró sus propias limitaciones. Como lo demostró el aplazamiento logrado por la señora Pelosi que, en la práctica, significa que en el 2008, nos quedaremos sin TLC. Quizás en el 2009 -una vez pasadas las elecciones de noviembre de este año y sin estar en los reflectores de una campaña presidencial- podrá representarse para ratificación ante el Congreso norteamericano.

Estos tropiezos son delicados, pero la economía colombiana no va a acabarse por ello. La gran lección que queda es que la diplomacia colombiana no debe volver a caer en el provincialismo de creer que en Estados Unidos las cosas funcionan siempre de la manera como lo quiere la Casa Blanca. Las cosas son allí mucho más complejas. El llamado a buscar consensos bipartidistas frente a Colombia, que ahora se hace -aunque tardío- es la consigna que debemos seguir reclamando.

Juan Camilo Restrepo

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