Según parece la Cámara de Representantes ordenará, al fin, reeditar y ampliar su colección Pensadores políticos colombianos, inexplicablemente enterrada hace ya varios lustros, y que alcanzara la publicación de más de 35 tomos. Ojalá recomiencen con las Obras selectas de Nieto Arteta y Hernán Toro Agudelo: por cierto, hoy bastante ignorados a nivel universitario y, qué no decir, dentro del mundo parlamentario.
TORO AGUDELO (1919-1978)
No habría dudado en escoger, para sí, una vida discreta que discurriera tranquilamente en la penumbra de su estudio, o en el recogimiento de la cátedra o en el anonimato del ejercicio profesional, o todavía mejor, paliqueando alrededor del mostrador de una fonda montañera. Sin embargo, no fue así y no tenía por qué serlo. Ningún país, y menos Colombia, podría cometer el desatino de licenciar del servicio y la actividad públicos a un talento superior como el suyo.
Fue un hombre tan sapiente como descomplicado que rechazó siempre el azaroso zigzag que generalmente conduce al poder. No obstante ocupó altas posiciones: ministro de Agricultura, miembro de la Dirección Liberal, magistrado de la Corte, representante y senador. Desde estos altos cargos se impuso la tarea de ventilar la oxidada ideología liberal con variantes de lo que podría denominarse una 'izquierda democrática'. Es decir, un reformismo estructural que, respetando la libertad, acelere el tránsito de la democracia formal de cuño decimonónico, aristocratizante y concentracionista, a una de plena participación fundamentalmente distributiva y popular.
Sus Obras selectas recogen buena parte de sus más significativos aportes en la creación y organización de nuevas entidades de carácter oficial, en lo relacionado con reforma agraria y urbana, en la investigación económica y en el proceso de estabilización de la democracia colombiana de su tiempo.
Se preocupó siempre por historiar, con riguroso juicio crítico, el itinerario de su partido. En lúcido enfoque, en uno de sus ensayos, afirma: "el liberalismo fue civilista y gestor de la fisonomía republicana con Santander y Azuero; bajo impulsos contradictorios, librecambistas y manchesterianos unos, de ingenuo socialismo otros, se empeñó en liquidar la colonia supérstite, sus instituciones feudales y serviles, el esclavismo, la prepotencia temporal de la Iglesia, con Florentino González, el general López y Mosquera; y luego con la pléyade radial creyó coronar su obra y plasmar su doctrina en la Constitución de 1963, afianzando la democracia formal, afirmando la autonomía política de los pueblos, y consagrando casi al anarquismo las libertades individuales. Con Núñez la exageración de los principios cede a la realidad y se vuelve a cauces más racionales, pues la propia Constitución de 1986, no obstante su factura conservadora, fue también por su contenido de inspiración liberal".
Como revisor obcecado de la ideología liberal de corte tradicional se alineó siempre con el cambio y no dejó jamás de predicar la urgencia de una 'apertura hacia la izquierda'. Frecuentemente citaba a Uribe Uribe frente a los desvíos reaccionarios de la dirigencia de su colectividad.
Fue brillante exponente de esa 'Generación del 47', que no obstante haber jugado un pobre rol en la evolución programática del liberalismo, a través de una importante, aunque limitadísima nómina, de movilizadotes de ideas. Como uno de sus más calificados exponentes trató siempre de oxigenar a su partido con las nuevas corrientes en boga y a tener, ante sus discípulos, más respuestas que preguntas.
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