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Jorge Mario Eastman Vélez

Obama y Hillary

Publicado el 09-06-08

Hace 5 meses en esta misma columna -21/01/08-, textualmente sostuvimos que "si la coyuntura política, social y económica lo permitiera, la quiniela ganadora para el 7 de noviembre la conformarían, sin duda, Obama y Hillary". Sin embargo, observábamos que para lograrse se requería una especie de 'milagro' habida cuenta de las heridas que estaban abriendo sus respectivas campañas electorales. Por fortuna, ha sido posible la conformación de esta llave maestra y, por consiguiente, la oportunidad para que impulse una nueva época, tanto para la hiperpotencia como para sus aliados geopolíticos.

El fenómeno político de Obama constituye lo que hoy podría llamarse una revolución sin sangre. Un hecho de gran trascendencia histórica que señala un 'antes' y un 'después' de tipo racial, de género, de generación, de talante: es la llegada a la Casa Blanca de un afroestadounidense de la clase media, para desempeñar el más poderoso empleo del planeta.

En adelante la violencia no será, necesariamente, la única partera de la historia. Por ejemplo, sus lemas de cambiar el miedo por la esperanza y volver inevitable lo imposible han terminado conquistando, sin una gota de sangre, grandes corrientes de opinión hasta ayer renuentes a intervenir y decidir en el futuro de la patria de Lincoln.

Obama no será un presidente de mantenimiento ni de mera coyuntura. Ha arrancado con una propuesta múltiple que busca restaurar el sueño americano asumiendo el liderazgo unificador de una nación polarizada. Un desafio que comienza por sacarla de la postración en que se la entregaran Bush y sus halcones.

Su programa combina con talento y valor, sin el menor asomo populista, la equidad con la libertad y la justicia social. Es dueño, además, de una oratoria moderna -persuasiva y brillante-, que ha rescatado la magia de la elocuencia como instrumento válido para jalonar y enderezar a toda sociedad en crisis.

En su reciente libro intitulado La Audacia de la Esperanza, se revela como un ideólogo anti-obvio y esclarecedor, con ideas y compromisos concretos, nacional e internacionalmente. La síntesis de su pensamiento consiste en la búsqueda de un punto de equilibrio que evite el corto circuito, propio de una sociedad amenazada por toda clase de tensiones entre lo individual y lo comunitario.

Obama pisa seguro y despeja una serie de temas tabus, consciente de que el mundo actual está exigiendo más respuestas que preguntas. En su formidable empresa será acompañado por la admirada, talentosa y ambiciosa senadora Clinton. Sin duda, conforma con ella una quiniela presidencial invencible.

En 1980, me correspondió presentar cartas credenciales como embajador de Colombia ante el presidente Jimmy Carter, recién derrotado por Ronald Reagan. Un momento de quiebre que notificaba un cambio en el ajedrez político según el cual el predominio del poder pasaba del Este intelectual e idealista al pragmático del Oeste.

No olvido que el 5 de enero siguiente en la ceremonia de juramento de Reagan, para sorpresa de muchos de los presentes, vimos cómo entre los invitados especiales se encontraban Elizabeth Taylor y Frank Sinatra, y cómo entre la multitud sobresalían los sombreros tejanos. Es decir, la notificación de que vendrían 12 años de neoliberalismo y, por paradoja, un acercamiento entre Reagan y Gorbachov, al inicio de la perestroica y el glasnot.

Definitivamente, los cambios de verdad en occidente y en la gran potencia seguirán dependiendo, fundamentalmente, de las orientaciones de su gobierno y de sus relaciones con sus aliados geopolíticos. Obama bien lo sabe y, por eso, su discurso y sus compromisos así lo demuestran.

Obama y Hillary: ¡bienvenidos a la historia!

Jorge Mario Eastman Vélez

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