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Jaime Lopera

La ley como una mercancía

Publicado el 07-07-09

¿Podemos imaginar a Newton negociando la ley de la gravedad con el mejor postor que se presente en su laboratorio de Londres? ¿O al viejo Darwin lidiando por una mejor oferta monetaria por su concepto de la evolución? ¿O a los padres de la independencia americana haciendo lo propio con la Declaración de los Derechos del Hombre?

Cuando algo tan abstracto como un conocimiento se intenta negociar en forma similar a una cosa concreta que se compra y que se vende, entramos en el más delirante capítulo del capitalismo mercantil, ahora tocado por los vientos de la globalización.

Pero esa posibilidad ya no es extraña: poco a poco los colombianos hemos entrado en ese terreno increíble en el que los conceptos (en este caso, una ley o una sentencia judicial) también pueden ser negociados en el mercado abierto.

Aunque suene a una contradicción de términos, algunas 'mercancías abstractas' se pueden negociar en el mercado político de las cosas intangibles: la redacción gramatical en el artículo de una ley, una frase deliberadamente ambigua en un complejo fallo arbitral, una sentencia enrevesada de un tribunal que sirva para procurar otro pleito, las frases acomodaticias de una licitación, un permiso conveniente, una autorización, una acta, un voto -o, peor todavía, un silencio. Por la adecuada redacción del artículo de una ley se pueden dar notarías a cambio, o permutarse el escamoteo por jugosos empleos en la administración pública.

La lista es interminable, tanto como son los resquicios del Estado colombiano en todos los sectores donde se agrupa la burocracia. No queremos decir que sólo éste sea el único territorio de la compraventa de abstractos, sino el más amplio y el que ofrece más oportunidades para las transacciones.

Por si fuera poco, esa nueva profesión del lobista será más o menos rentable de acuerdo con la importancia asignada a estas categorías de mercancías.

Mientras las leyes, los procedimientos, los permisos y las prebendas encuentran un suculento mercado económico de negociación, podría hablarse de que la oferta crece, pero al mismo tiempo crea su propia demanda.

No obstante, aun cuando no todas las leyes económicas serán fáciles de comercializar (por ejemplo, la moneda mala desplaza a la buena), no hay límites para los transgresores y rebuscadores nacionales.

Tanto los que están delante como los que están detrás de las ventanillas, todos ellos son sujetos activos en este cuadro infernal de hacer negocios con la ley, cuya corrupción del tejido moral de nuestra sociedad parece inacabable.

jailop1@gmail.com

Jaime Lopera

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