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Iván Duque Márquez

Réquiem por los fantasmas

Publicado el 08-10-10

Los escritores fantasma -ghostwriters- de la Casa Blanca son una de las figuras más enigmáticas de la política norteamericana. Se trata de personas con enormes habilidades intelectuales que tienen bajo su responsabilidad elaborar los discursos de los presidentes, expresando mensajes nítidos capaces de generar opinión y movilizar la sociedad.

El pasado 27 de septiembre con la muerte de William Safire, Estados Unidos perdió no sólo una de las plumas más agudas del periodismo analítico, sino uno de los más consagrados exponentes de este grupo de privilegiados, que tras bambalinas e interpretando el pensamiento de los mandatarios, fabrican frases memorables para el juicio implacable de la historia.

Aunque los ghost writers tienden a ser figuras poco visibles dentro de las administraciones, su compromiso y cercanía con los jefes de Estado los convierten en gladiadores literarios, que deben con la precisión de las palabras y la inagotable riqueza del lenguaje, diseminar la ideología de un gobierno. Durante la administración de Richard Nixon, al lado de Pat Buchanan y Raymond Price, Safire tuvo a su cargo la tarea de preparar discursos que hoy son recordados como obras de arte. Las piezas de política exterior que convencieron al pueblo norteamericano de su acercamiento con China o las palabras para enfrentar las derrotas anímicas derivadas de Vietnam, fueron esculturas pulidas con elegancia que le permitieron a Nixon dar pasos históricos con el asentimiento de seguidores y antagonistas.

Los fantasmas son en definitiva un motor detrás del poder, cuya grandeza y efectividad en el manejo de las palabras son capaces de hacer historia. Figuras como Samuel Rosenman o Raymond Maloney detrás de Franklin Delano Roosevelt, dejaron el legado de "sólo tenerle miedo al miedo mismo" para enfrentar las vicisitudes de la guerra. Clark Clifford con Harry Truman marcó un estilo franco y parroquial de comunicarse con la gente. Ted Sorensen y Arthur Schlesinger, al lado de John F. Kennedy, edificaron frases sobre el desarme nuclear, la conquista del espacio y los derechos civiles que hoy reposan sobre piedra en los monumentos de Washington y que son constantemente citados con inspiración.

Peggy Noonan construyendo para Reagan el mensaje de la revolución conservadora y la forma de enfrentar la Guerra Fría, Michael Waldman encontrando una comunicación en forma de diálogo para que Clinton lograra legitimar sus reformas económicas e inclusive Michael Gerson definiendo las respuestas frente a los ataques del 11 de septiembre para George W. Bush, son ejemplos de esta influencia abrumadora detrás del escenario.

El secreto trás de los fantasmas está en saber hacer un buen discurso, y como diría William Safire esto requiere de diez ingredientes básicos: estructura, estar orientado a la ocasión, ser adecuado para el foro en el que se presenta, tener un enfoque claro, contar con un propósito, utilizar frases cortas y poderosas, fundamentarse en un tema central, ser expresado con pasión y absorber la atención del público. Basado en estos elementos su libro Lend me your ears, en el que compiló las mejores construcciones oratorias de la historia es un verdadero deleite que merece estar en cualquier biblioteca política.

Alberto Lleras, quien escribió discursos para Alfonso López Pumarejo y dedicó horas enteras a burilar los suyos, siempre dijo que este oficio era un arte. Con la muerte de Bill Safire se ha ido uno de los más grandes artistas del mensaje político.

ivanduquemarquez@gmail.com

Iván Duque Márquez

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