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Iván Duque Márquez

El fantasma de Keynes

Una de las teorías de John Maynard Keynes que siempre fue y será motivo de debate entre los economistas es la famosa paradoja del ahorro. Esta última se plantea la pregunta de qué pasaría si en épocas de recesión toda la sociedad decidiera ahorrar al mismo tiempo. La teoría entonces sostiene que un aumento masivo del ahorro puede reducir los ingresos nacionales, y por lo tanto, generar pobreza. La explicación es simple: cuando los ciudadanos ahorran más, por lo general consumen menos, y como el crecimiento económico depende en gran medida de la demanda, cuando la sociedad disminuye su consumo, hay menos gasto y por ende un menor nivel de ingresos nacionales.

Esta parece ser una de las preocupaciones que se ha planteado la administración del presidente Barack Obama, pues Estados Unidos pasó de tener niveles de ahorro interno cercanos al 6 por ciento del PIB en el año 2000 a casi cero en el año 2008. Bajo esta premisa una recuperación masiva y acelerada de los niveles de ahorro interno podría significar una contracción profunda de la economía, derivada de menor consumo, menos empleo, disminución del valor de los activos y en fin, todo lo que representa esta bola de nieve. Ni qué decir de las implicaciones que esto tendría para el mundo, ya que Estados Unidos es y seguirá siendo el motor principal de la economía global.

Ante estos desafíos la apuesta de la Casa Blanca con su Plan de Estímulo es lograr una carambola a tres bandas. Por un lado, con las exenciones tributarias aspira a dinamizar el consumo privado. Con los programas de gasto público busca que el Estado asuma un mayor protagonismo en la actividad económica y con los programas de adquisición de 'activos tóxicos' desea que los bancos puedan desencadenar el crédito.

Hasta ahí todo parece color de rosa, pero hace falta una pieza del rompecabezas. Durante las últimas décadas la actividad económica norteamericana ha estado ligada a voluminosos indicadores de endeudamiento. Basado en cifras oficiales de la Reserva Federal, la deuda pública y privada de los Estados Unidos con relación al PIB llegó en el 2008 al 358 por ciento, de la cual más del 80 por ciento obedece a deuda privada. ¿En qué sectores se ha concentrado ese endeudamiento? La respuesta es diciente, en el sector financiero y en la cartera hipotecaria de los hogares.

Examinando en detalle las cifras, se aprecia que la deuda de los hogares llegó a representar en el 2007 cerca del 100 por ciento del PIB. Bajo estos supuestos el Plan de Incentivos de Obama no logra convencer al mercado. Por un lado, es poco probable que los hogares vayan a salir llenos de motivación a consumir cuando su casa, principal colateral de sus deudas, ha perdido valor, o simplemente cuando sus ahorros en fondos mutuos o de pensiones han sido severamente afectados por la crisis. En otro frente todavía hay dudas sobre la reapertura de los canales de crédito, ya que los bancos aparte de endurecer las condiciones para nuevos créditos y refinanciaciones están sufriendo por la pérdida acelerada del valor de sus activos y la necesidad de incrementar reservas.

En cuanto a la expansión del gasto público, será muy difícil que logre compensar una contracción masiva del consumo privado sin aumentar peligrosamente el déficit fiscal, con graves implicaciones de mediano y largo plazo. En estos escenarios, el mundo debe prepararse para una recesión larga en Estados Unidos, y estar dispuestos a vivir con el fantasma de Keynes.

Iván Duque Márquez

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