Una de las características del ser humano es su capacidad para reponerse a las dificultades con optimismo y creer que los errores del pasado nunca más serán cometidos. Quizás por eso de cara a este nuevo año son muchos los analistas económicos que consideran los default o cesación de pagos de deuda por parte de economías emergentes como una cosa del pasado.
Las lecciones de otras épocas han conducido a la toma de medidas destinadas a 'blindar' las economías frente a los choques externos. Una de ellas, la corrección del denominado 'pecado original' (que consiste en una gran acumulación de deuda en divisas, la cual expone a que los países aumenten peligrosamente el tamaño de su deuda cuando se presentan depreciaciones del tipo de cambio) por una mayor acumulación de deuda interna denominada en moneda local.
Dicho esto, y en la actual situación económica mundial son muchas las economías emergentes que en coro han señalado que gracias a la nueva composición de la deuda ¡esta vez es diferente!, y los riesgos de un default se han reducido al máximo.
Lamentablemente, dichas afirmaciones son triunfalistas y vale la penda darle una mirada al documento publicado en marzo del 2008 por los prestigiosos economistas Carmen M. Reinhart y Kenneth Rogoff bajo el título de 'Esta vez es diferente: una visión panorámica de ocho siglos de crisis financieras'.
El estudio que analiza históricamente las crisis de deuda arroja conclusiones interesantes. Una de ellas es que los default han sido un fenómeno recurrente en la historia económica como lo demuestran entre otros, los episodios ocurridos durante las guerras napoleónicas, las últimas dos décadas del siglo XIX, la Gran Depresión, la crisis de la deuda latinoamericana y las crisis de los mercados asiáticos y ruso a finales de la década de 1990.
Otro de los hallazgos del estudio indica que el cambio en la composición de la deuda, de externa a interna, basado en la evidencia histórica no es nada nuevo y tampoco significa la carta de salvación, pues las probabilidades de default dependen del nivel total de deuda y no necesariamente de su composición.
Adicionalmente, el documento comprueba que las tendencias de
endeudamiento en los mercados emergentes son extremadamente procíclicas, y ante aumentos en los precios de las materias primas son muchos los países que incrementan aceleradamente el tamaño de su deuda para financiar expansiones del gasto público.
En cuanto a moralejas, el estudio muestra que cuando las crisis internacionales provienen de los países desarrollados, los países en desarrollo, quedan expuestos a una situación crítica por cuenta de las caídas en los precios de las materias primas, la contracción de los flujos de capital, la desconfianza inversionista y los choques de demanda, desatando incumplimientos de pagos de deuda.
Si algo se puede sacar de este importante análisis es que para el 2009, las cosas no parecen ser diferentes y se podrán presentar nuevamente default en las economías emergentes por cuenta de la recesión en el G-7, las dificultades de acceso a los mercados internacionales, una caída de las exportaciones y la contracción de la inversión extranjera.
Aunque en Latinoamérica el cambio en la composición de la deuda ha disminuido riesgos, los países que estarán a salvo serán aquellos que aprovecharon los años de bonanza para ahorrar y asegurar niveles de endeudamiento sostenibles. Quienes expandieron desordenadamente el gasto público con sistemas tributarios débiles, llenos de exenciones, con gran evasión, poca recaudación por renta y bases tributarias pequeñas, quedarán expuestos a que la historia se repita.
ivanduquemarquez@gmail.com
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