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Iván Duque Márquez

Tristemente recordando a Malthus

Publicado el 12-09-08

 Uno de los personajes más controvertidos en la historia del pensamiento económico ha sido Thomas Robert Malthus. Según los críticos, su obra publicada en 1798 bajo el título de Ensayo sobre el principio de la población, en la que indica que el crecimiento poblacional es superior a la capacidad de generación de alimentos, y por lo tanto, el hombre terminará luchando por su subsistencia, es ingenua y apocalíptica.

Los que han criticado a Malthus por su alarmismo, siempre han expresado que el ser humano mediante el uso de tecnologías ha logrado mantener la producción de alimentos a un ritmo mayor que el crecimiento poblacional. Una de las pruebas más claras de esta afirmación está en que desde 1798 hasta hoy, la población del planeta se ha sextuplicado. La evidencia ha demostrado entonces la inmensa capacidad tecnológica e industrial del hombre para atender la creciente demanda por recursos.

Pero aunque pareciera que los argumentos de este economista inglés ya no tienen cabida, hay factores que nos motivan a desempolvar sus teorías. Empecemos por reflexionar sobre los recursos naturales. Tal como lo ha planteado el famoso economista Jeffrey Sachs en su reciente libro Common Wealth, los avances tecnológicos no han logrado que los seres humanos seamos cada día más eficientes en el manejo de algunos recursos preciados. El caso más escandaloso podría ser E.U., que con casi el 5% de la población mundial demanda el 25% de la producción diaria de petróleo.

Esto por supuesto nos lleva a la gran pregunta que se formula Sachs. ¿Podría la humanidad alcanzar el estándar de vida que los países desarrollados tienen hoy? La respuesta es compleja. Si se estima que para el año 2050, la población mundial aumentará en un 40% y que el ingreso per cápita global se incrementará casi cinco veces, la humanidad no puede continuar con los hábitos de consumo energético vigentes. La razón principal, porque de estos hábitos se desprenden problemas como la escasez de hidrocarburos, el encarecimiento de los alimentos, el agotamiento de acuíferos subterráneos y el aumento del calentamiento global.

Entre los ejemplos más pintorescos de este círculo vicioso está el descrito por el periodista Thomas Fridman en su último libro Hot, flat and crowded, al señalar que cuando aumenta el precio del petróleo, aumentan los costos de la producción agrícola, y por ende el precio de los alimentos. Como si fuera poco son muchos los países que a través de medidas imprudentes contribuyen al problema. Según Fridman en el año 2007, India, China y los países del Golfo Pérsico se gastaron 50 mil millones de dólares subsidiando combustibles y energía, aumentando la demanda y distorsionando los precios.

Frente a la humanidad está una vez más desvirtuar las hipótesis alarmistas expresadas hace más de dos siglos. Esta vez se requiere tecnología y voluntad política para tomar acciones coordinadas entre el Estado, el sector privado y la sociedad en general. Adoptar tecnologías en materia de eficiencia energética, hacer un mejor uso del agua con fines agrícolas, producir automóviles con menor consumo de combustible, adelantar políticas voluntarias de control de natalidad que permitan estabilizar la población mundial, aumentar la responsabilidad colectiva con el medio ambiente y repensar los estilos de vida urbanos, son medidas urgentes.

Mientras algunos países le sigan dando la espalda a esta realidad anteponiendo sus intereses a las responsabilidades que la era del cambio climático demanda, seguiremos tristemente recordando a Malthus.

Iván Duque Márquez

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