Llegar a un acuerdo internacional sobre cambio climático que sustituya el Protocolo de Kyoto es vital. A partir del año 2012, cuando se cumple la primera ronda de compromisos frente a reducción de emisiones de CO² por parte de los países con mayor nivel de desarrollo (reconocidas en el tratado como países del Anexo I), y cuya meta es reducir en un 5 por ciento sus emisiones con respecto a 1990, se requerirá un acuerdo que incorpore de manera efectiva y con compromisos explícitos a los países en vía de desarrollo.
Sin compromisos puntuales de estos países con respecto a emisiones, el acuerdo será un saludo a la bandera, pues en cuarenta años no solo el 90 por ciento de la población mundial estará en economías emergentes, sino que serán responsables de la mayoría de emisiones de gases efecto invernadero.
Hasta la fecha, el ejemplo de los Estados Unidos, al no ratificar el Protocolo de kyoto, ha causado desaliento, y hace suponer que frente a un nuevo acuerdo mundial los países en desarrollo no se comprometerán con metas puntuales salvo que, los países industrializados den el mejor ejemplo.
Un documento publicado hace pocas semanas por el profesor Nicholas Stern, auspiciado por el London School of Economics bajo el nombre de 'Elementos clave para un nuevo acuerdo de Cambio Climático', ilustra sobre los muchos aspectos que deberán considerarse de cara a un nuevo pacto. Uno de ellos, que los países desarrollados reduzcan sus emisiones en un 80 por ciento con respecto a 1990, durante las próximas cuatro décadas.
El asunto es que la negociación de este nuevo acuerdo está a la vuelta de la esquina y se deberá culminar para diciembre del próximo año, en la ciudad de Copenhagen. Dicho esto, las recomendaciones realizadas por Stern, el mismo que realizó el famoso reporte sobre las consecuencias económicas del cambio climático, deben servir de reflexión.
La negociación partirá con los compromisos en materia de emisiones, frente a lo cual se deberán definir metas específicas e incentivos económicos para los países en desarrollo. Esto implica, entre otras cosas, reformar el Mecanismo de Desarrollo Limpio (Sistema de compensación económica por reducción y captura de emisiones), para transformar su enfoque basado en proyectos, lo cual lo hace lento para atender la demanda, en un sentido amplio basado en metas sectoriales.
Otro punto será la deforestación, fenómeno que actualmente representa el 18 por ciento de las emisiones generadas por el hombre, y para el cual se deberán fortalecer los mecanismos de control ambiental al mismo tiempo que los países industrializados transfieran recursos para mitigación a los países de menor desarrollo. A la lista hay que añadirle la transferencia de tecnología, la promoción de eficiencia energética, la modernización del mercado mundial de bonos de carbono, la elaboración de planes nacionales de adaptación a los efectos del cambio climático y los marcos institucionales y regulatorios nacionales.
La negociación no será fácil, pues exigir compromisos de las naciones que hasta ahora se están desarrollando, cuando los países industrializados han sido hasta el momento los causantes del problema y son aún los mayores emisores per cápita de CO², requiere de muchos incentivos. Lo grave es, que no tener acuerdo es un lujo que el mundo no se puede dar.
De cara a Copenhagen, América Latina debe ir definiendo una posición como bloque y establecer los puntos que como región deben defenderse. Lo peor que nos podría pasar es llegar a una negociación tan importante con posiciones individuales no concertadas o con los 'calzones abajo'.
IVAND@iadb.org
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