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Iván Duque Márquez

¿Quién suda por Sudán?

Publicado el 19-06-08

Durante los últimos cinco años, en la región de Darfur al occidente de Sudán, ha tenido lugar una de las peores crisis humanitarias de la historia reciente. Hasta la fecha, el International Crisis Group ha expresado que cerca de 400 mil personas han muerto, mientras 2 millones de desplazados buscan refugio en los países limítrofes como Chad y la República Central Africana.

La crisis se desató a partir del año 2003, cuando dos grupos armados (el Movimiento para la Liberación de Sudán y el Movimiento Justicia y Equidad) decidieron alzarse en armas, para buscar la independencia de Darfur ante la persecución étnica que a su juicio ejercía el Gobierno a la población de dicha región. Cinco años después, el conflicto ha escalado rápidamente y la existencia de grupos de la muerte como los 'Janjaweed' (Diablos a caballo), acusados de contar con el auspicio estatal, ha hecho que la violencia adquiera niveles de barbarie similares o peores a los vistos en Rwanda o Somalia.

La ONU, la Cruz Roja, Amnistía Internacional, políticos norteamericanos como Barack Obama y figuras de Hollywood como George Clooney y Mia Farrow, han pedido a gritos una intervención de la comunidad internacional. Desde el comienzo del conflicto la reacción ha sido lenta. Hasta julio del 2007, tanto las sanciones como la movilización de cuerpos de paz se encontraron con un país que ejerció su poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU: China.

Aunque las razones invocadas obedecieron al principio de no intervención, los críticos han demostrado que existen razones geopolíticas. China es el principal importador de petróleo del país africano, compra el 70% de las exportaciones, provee más del 20% de las importaciones, es el principal inversionista extranjero, y Sudan es uno de sus tres principales socios comerciales en África. Dicho esto, no quiere arriesgar sus inversiones en el país, las cuales no están afectadas por las zonas de conflicto, por asumir una actitud exigente ante un gobierno 'amigo'.

A pesar de la negativa de Beijing para autorizar una intervención de la ONU, la presión internacional llevó a que en julio del 2007 el Consejo de Seguridad en pleno, adoptara la Resolución 1769 creando una fuerza especial de cuerpos de paz, nombrando un enviado especial para Sudán y expresando el deseo de sentar las bases para un acuerdo entre las partes. Hasta la fecha, los principios de la Resolución se han quedado en buenas intenciones. La Organización Internacional Save Darfur, ha denunciado que el Gobierno de Sudán no ha facilitado el desplazamiento de los cuerpos de paz y que China se ha hecho el de la vista gorda, pudiendo ejercer mayor liderazgo.

China tiene el gran reto de demostrar que puede coordinar sus intereses energéticos con una diplomacia efectiva e intolerante frente a las atrocidades que ocurren en sus países aliados.

Si el Gobierno de Beijing quiere ganar legitimidad para actuar como líder diplomático en otras regiones, debe ayudar a resolver la crisis en Darfur. Para empezar, debe tomar decisiones que van desde replantear ser el principal proveedor de armas a Sudán, exigir el cumplimiento de las resoluciones del Consejo de Seguridad, estar dispuesto a aplicar sanciones económicas y actuar como mediador para un acuerdo de paz.

Del rol que juegue China en Darfur dependerá que se agudice la violencia o que se encuentre una salida. Una actitud efectiva evitará miles de muertes y que el desastre humanitario se esparza a otros países. La indiferencia será rechazada por la comunidad internacional, pues como diría alguien "el silencio nos hace cómplices".

Iván Duque Márquez

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