Con este título apareció en El País de Madrid, un artículo donde su autor, Daniel Innerarity, no se refiere precisamente a la captura del pesquero español Alakrana por piratas somalíes, sino a las muy diversas formas que ha adoptado la piratería, en un mundo global sin fronteras, plagado de hackers, virus, inmigrantes ilegales y explotación a costa del medio ambiente. En ese contexto, señala a los paraísos fiscales, "...esos lugares sin identidad, sin fiscalidad ni obligación de residencia...", como una de las formas más elocuentes de la moderna piratería, donde se consagra el derecho a sustraerse al impuesto, "...que es el símbolo del poder territorializado".
España, al igual que la mayoría de los países desarrollados y particularmente todos los miembros de la Oecd, incorpora en su legislación medidas destinadas a evitar los perjuicios que genera el uso de los paraísos fiscales. Por ejemplo, la Ley de Impuesto de Sociedades contiene cláusulas que regulan la provisión para inversiones en paraísos fiscales, la valoración de inversiones, el tratamiento de la subcapitalización o el canje de valores, y otras medidas similares.
A pesar de estas previsiones, un reciente informe publicado por Capital Madrid señala que la gran banca española no ha podido deshacerse de todas sus inversiones en esos edenes. El Bbva se retiró en el 2008 de 36 de ellos, pero aún tiene presencia en tres o cuatro, especialmente en Panamá y Curazao, a pesar de que sostiene el compromiso que se impuso hace cinco años, de abandonar su presencia en esos polémicos lugares. Según la misma publicación, desde el 2005 el Banco Santander ha venido desarrollando una estrategia para reducir su presencia en tales centros, aún en conflicto con su ambicioso programa de adquisición de entidades financieras en varios países, como Estados Unidos y el Reino Unido, que arrastraron filiales y vinculadas en nirvanas impositivos. Todavía queda por resolver el conflicto económico, como quiera que las utilidades del banco en esos paraísos se han acrecentando de manera nada despreciable.
La preocupación por el papel de los paraísos fiscales se ha venido incrementando entre los países serios, porque no se trata sólo de la reducción en los impuestos directos. Al lado de la baja o nula tributación, como regla general cuentan con medidas destinadas a ocultar a los verdaderos dueños de las fortunas, mediante sociedades con acciones al portador y cuentas bancarias cifradas.
Por otra parte, el desarrollo de la tecnología complica aún más la labor de control de los impuestos; por ejemplo, a través de compañías ubicadas en esos paraísos se promueven apuestas no autorizadas e innumerables transacciones de papel, cuya realidad económica ignoran los fiscos dolientes.
En Colombia, el intercambio de inversiones y transacciones con paraísos fiscales se sigue incrementando, sin que, como hemos señalado reiteradamente, exista voluntad para poner en práctica la ley tributaria que regula esas operaciones. Será porque existe la intención de mostrar al país como un paraíso... fiscal.
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