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Gustavo Tobón

Seguridad alimentaria

Publicado el 12-06-08

La semana pasada en Roma, en la reunión de alto nivel convocada por la FAO a la que asistieron representantes de 180 países, el director general, Jacques Diouf, hizo varias advertencias. Una de ellas es la de que, según las tendencias actuales, el compromiso de los países de erradicar el hambre y reducir a la mitad el número de personas en la pobreza extrema, para el año 2015, que es uno de los Objetivos del Milenio, no se va a cumplir. Estima que una nueva fecha podría ser el 2150, lo que suena exagerado, pero no imposible. Es un llamado de atención a la indiferencia de muchos gobernantes, especialmente de los países ricos. Dijo también que una crisis alimentaria puede ser la chispa de estallidos sociales, con "tumultos y muertos, capaces de poner en peligro la paz y la seguridad del mundo", lo que también es factible, pues el hambre acaba con la paciencia de los que lo sufren. Advirtió que después de tantos planes y proyectos que en todas partes existen y de que estamos sobre diagnosticados, era hora de actuar, de pasar de las palabras a la acción, antes de que la indignación de los indigentes obligara a los países a hacerlo.

La Declaración final estimó inaceptable que 862 millones de personas sigan subnutridas (palabra técnica sinónima de hambrientas) en el mundo de hoy, y todos por enésima vez ratificaron la promesa de cumplir los Objetivos del Milenio. Para hacerlo se deben enfrentar varios desafíos: la seguridad alimentaria, el cambio climático con sus efectos sobre el agua potable, la bioenergía que implica transformar alimentos en combustibles, el aumento de los precios de los alimentos con la preocupante perspectiva de que se mantendrán altos en los años venideros y los efectos negativos de esos incrementos en los países más vulnerables, muchos de ellos del África.

El compromiso de los países en pocas palabras fue el de "asumir la seguridad alimentaria como política nacional permanente", lo que significa entre nosotros que no podrá faltar en ningún plan de desarrollo y que combatir el hambre, que se refleja en la desnutrición de cientos de niños, debe ser una prioridad clara que se refleje en acciones concretas.

Una de ellas es el aumento de la producción agrícola que implica que los agricultores cuenten con las semillas adecuadas, los fertilizantes y los insumos apropiados para ello. Existe el riesgo y ya se ha advertido, que el TLC con los Estados Unidos obstaculice el suministro de semillas mejoradas y que las multinacionales abusen del monopolio de las mismas. El Ministerio de Agricultura debe transformarse en un ministerio de la producción agropecuaria y velar porque los campesinos, los pescadores y los pequeños ganaderos, cuenten con el apoyo necesario. Colombia puede ser un importante exportador de alimentos y una despensa idónea para lograr la seguridad alimentaria.

Ese es el compromiso. Ojalá se cumpla.

Gustavo Tobón

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