Envejecer es inevitable, salvo si nos llaman a calificar servicios antes. Envejecen las personas y también las sociedades, y la vejez, como está probado, no viene sola. Esa es la razón para que no nos encuentre desprevenidos. Es necesario acumular no solo experiencias, sino recursos para atender las necesidades que demanda. América Latina, según afirmaciones del secretario Ejecutivo de la Cepal, José Luis Machinea, será en el 2040 una región en la que habrá más personas mayores de 60 años, que jóvenes menores de 15. Eso tiene consecuencias en el mercado laboral, en la economía y por supuesto, en las obligaciones de los gobiernos para con la sociedad.
Según un informe de las Naciones Unidas de junio del 2007, hace falta una planificación anticipada para asimilar el envejecimiento de las poblaciones. Las políticas para afrontar ese cambio en las sociedades son insuficientes, y lo preocupante es que ese destino ineludible no solamente tocará a los países desarrollados, que ya muestran señales de envejecimiento, sino también a los que están en la vía del desarrollo. El informe citado dice que "según las tendencias actuales, se prevé que, para 2050, prácticamente el 80 por ciento de la población mundial mayor de 60 años vivirá en lo que son ahora países en desarrollo". Eso equivale a decir que el 20 por ciento de la población debe asumir la obligación de empujar la economía. ¿Somos conscientes de ello? Lo dudo, y corremos el riesgo que cuando se produzca el hecho, nos caiga encima como esos vetustos árboles que, por viejos, se desploman sobre los vehículos y las personas, aplastándolos.
Hace unas semanas, en diciembre del 2007, los representantes de los países latinoamericanos se reunieron en Brasilia en una Conferencia sobre el envejecimiento con la idea de avizorar una "sociedad para todas las edades y de protección social basada en derechos". Uno de los logros de la humanidad, dijeron, es el envejecimiento, pues no solamente se ha logrado una mejor calidad de vida, sino que las personas, como ocurría hace unas décadas, no mueren tan jóvenes. Y esa transformación demográfica tiene profundas repercusiones. Los países que no cuenten con sistemas pensionales que garanticen los derechos de los más viejos, proporcionándoles seguridad social y servicios de salud que eviten la discriminación, se verán en serios problemas debido al aumento de la pobreza en sus territorios.
Los gobiernos han reafirmado el compromiso de "proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales de todas las personas de edad y de crear redes de protección para que dichos derechos sean efectivos". También han coincidido en que el tema del envejecimiento debe ser prioritario en todas las políticas públicas para promover una vejez digna y productiva.
Prepararse para lo que viene es todo un reto de la sociedad, no solo de los gobiernos. Pero es a estos a los que les compete trazar la ruta, planear y anticiparse a lo inevitable.
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