A Davos, en Suiza, no solo llegan los esquiadores en la temporada de invierno. Allí también acuden personajes con poder y con influencia a la cita del Foro Económico Mundial. Presidentes, primeros ministros, ministros, líderes de empresa y artistas se reunieron los últimos días de enero a discutir una agenda que afortunadamente tuvo un tinte social. Los negocios y el ánimo de lucro no pueden ser la única inspiración de los empresarios y la situación en que se encuentran millones de personas en el mundo, no les puede ser ajena. Eso precisamente fue lo que se percibió.
Con las firmas de Ban Ki-moon, secretario de la ONU; Bill Gates; Rania, reina de Jordania; Bono, el músico; Gordon Brown primer ministro del Reino Unido, y muchos más, se hizo un llamado de alerta sobre la posibilidad de que para el año 2015 no se cumplan los Objetivos del Milenio de las Naciones Unidas. Erradicar la pobreza extrema y el hambre parece ya no ser una meta posible a menos de que se actúe con persistencia y colectivamente.
Estamos en una 'emergencia del desarrollo', dijeron, y luchar contra la pobreza debe dejar de ser una obligación solo moral para convertirla en un compromiso contractual. ¿Cómo? No lo mencionaron, pero en las varias reuniones de monitoreo que van a tener este año tienen que aclararlo. La declaración de la emergencia se sustenta en algunas cifras: 72 millones de niños sin escuela o con una educación de mala calidad, numerosas ciudades sin saneamiento básico, medio millón de mujeres que mueren anualmente por evitables complicaciones de embarazo.
El comercio mundial fue tema de la agenda. La ronda de Doha, que lleva 6 años de conversaciones sin resultados, se ¿hace o se rompe¿, y si se rompe vendrá el caos en las tarifas y la anarquía en el comercio. Esa perspectiva constituiría un verdadero retroceso y el proteccionismo se reflejaría en decrecimiento económico, en la menor credibilidad en los organismos multilaterales, en desempleo y en mayores tensiones entre los países. La campaña electoral en Estados Unidos es otro factor de pesimismo, pues se duda de la posición de los demócratas, con amplias posibilidades de ganar.
El cambio climático y el daño al medio ambiente aparecieron como un serio peligro en la reunión. El agua potable, un recurso natural indispensable, puede llegar a ser muy pronto un recurso escaso con riesgos para el crecimiento económico, la salud, los derechos humanos y la seguridad nacional de muchos países. No puede seguir desperdiciándose como si fuera un recurso sin valor. La disponibilidad de agua potable para las personas debería ser uno más de los derechos humanos y agregarse a la lista incluida en la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclamada por la ONU en 1948.
Este año Davos fue un punto de quiebre, un llamado de atención que no puede despreciarse.
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