Informa PORTAFOLIO en su edición del pasado miércoles 11 de marzo, que la inversión extranjera en Colombia ha caído un 30 por ciento en los dos primeros meses del año, cifra que sin embargo, no debería suscitar mayor preocupación dado el entorno de crisis mundial que se está viviendo y, porque adicionalmente la cifra reportada en la cuenta cambiaria de la balanza de pagos, a pesar de ser inferior a la del mismo periodo del 2008, es a la vez superior en un guarismo similar a la registrada en el 2007. En dos palabras: peor que en el 2008, pero mejor con respecto al 2007. Como suele ocurrir con las estadísticas, todo depende del cristal con que se mire y del punto de referencia que se tenga.
Sin embargo, el pasado ya pasó y hoy por hoy lo que se está viendo en el mundo, tanto en países desarrollados como en vía de desarrollo, es una caída sistemática en los principales indicadores macroeconómicos: desplome del PIB, aumento en las tasas de desempleo, grave afectación del consumo de las familias, fuerte disminución en el intercambio de productos tanto de exportación como de importación y en los flujos de capitales hacia los países de la periferia. El único indicador, aparentemente alentador, es el de las tasas de inflación con tendencia a la baja, pero como resultado de la crisis y su impacto en el debilitamiento de la demanda agregada.
Volviendo a las cifras reseñadas sobre inversión extranjera en Colombia, hay que mirar la otra cara de la moneda entendida ésta como los dólares que han salido o están en proceso de salir, por decisiones tomadas a nivel de las casas matrices. Ahí están los ejemplos de las multinacionales Glencore y Hocol.
En el primero de estos casos Ecopetrol se compromete a recomprar el 51 por ciento del proyecto de la nueva refinería en Cartagena por un valor de US$648 millones, y en el segundo caso la empresa estatal adquiere otro compromiso por valor de US$748 millones. Si al valor de ingreso de inversión extranjera entre enero y febrero de 2009 -estimado en US$1.121 millones- le restamos los US$1.396 millones a cargo de Ecopetrol, nos queda un saldo negativo para el país de -US$275 millones.
¿En este contexto no sería más apropiado hablar de desinversión extranjera neta? Muy seguramente la causa principal de este otro indicador negativo no es desconfianza hacia nuestro país y su economía, sino desmejora en las perspectivas del negocio de búsqueda y extracción de petróleo, aunado ello a apremiantes necesidades de liquidez que deben estar afectando a las multinacionales en su país de origen.
En este orden de ideas surge también otro interrogante que tiene que ver con la conveniencia de que Ecopetrol, en vísperas de entregar jugosísimos dividendos al Gobierno y a 400.000 colombianos, se vea constreñido u obligado a hacer esas inversiones no por voluntad propia ni dentro del marco de un plan estratégico a largo plazo, sino por decisiones de carácter empresarial tomadas en otras economías y en otras latitudes.
Lo que no es bueno ni para Glencore ni para Hocol, ¿por qué puede llegar a ser bueno para la mayor empresa de Colombia? Los entendidos en el tema deberían darnos una respuesta no sólo a los 400.000 accionistas directos, sino también a los 44 millones de accionistas indirectos, vía presupuesto nacional.
gpalau@urosario.edu.co
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