"En la última semana del mes de febrero de 2008, el Gobierno del presidente Uribe tuvo conocimiento de que un frente de la hoy extinta guerrilla de las Farc, -comandado por el siniestro personaje de 'Raúl Reyes'- se encontraba refugiado en territorio ecuatoriano a pocos kilómetros de la frontera con Colombia.
Ante semejante evidencia, el Presidente de los colombianos procedió a convocar de urgencia a la Comisión Asesora de Asuntos Exteriores para enterarla de la crítica situación que se vivía. El objetivo de la convocatoria era el de auscultar la opinión de los asistentes frente a la disyuntiva en que se encontraba el Gobierno y que contemplaba dos posibles caminos a seguir: el primero -y por el cual se inclinaban el propio Presidente y su Ministro de la Defensa- era emprender de manera inmediata una acción bélica, así fuese violando los límites fronterizos y luego proceder a dar las explicaciones pertinentes; la segunda opción consistía en alertar al Gobierno ecuatoriano de la situación, solicitar su colaboración y simultáneamente, utilizar los canales diplomáticos naturales con el fin de obtener el respaldo de la comunidad internacional.
De acuerdo con el acta de la reunión, que años más tarde se vino a conocer, el Presidente de Colombia desconfiaba profundamente de la respuesta que le pudiese dar su homólogo ecuatoriano y por esa razón era partidario de una rápida acción militar. Los miembros de la Comisión Asesora opinaron por el contrario, que se debía actuar con serenidad y para ello se valieron de la recomendación que la esposa del Presidente solía hacerle, según la cual, en momentos de efervescencia y calor debía actuar "tranquilo como un obispo" (sic).
La línea de carácter diplomático -fiel a una tradición centenaria en la historia de Colombia- terminó por prevalecer y fruto de ello el Gobierno colombiano actuó en tres frentes diferentes, pero complementarios. En primer lugar, contactó al Gobierno del Ecuador encabezado en ese entonces por el presidente Rafael Correa, quien meses más tarde fue destituido por la asamblea nacional de su país dada su inexplicable conducta en esta coyuntura internacional. En segundo lugar designó, como canciller ad-hoc al Director Nacional de la Policía, general Naranjo, para que de manera descarnada, pero didáctica informase de la gravedad de los hechos a la comunidad internacional y por último pidió y obtuvo una reunión urgente y extraordinaria de los países miembros de la OEA.
Tal como el presidente Uribe presentía, las autoridades ecuatorianas se hicieron las de 'las gafas' y los bandidos de las Farc lograron escapar al cerco de las fuerzas armadas de Colombia. Sin embargo -también pocos meses más tarde-, el guerrillero 'Raúl Reyes' fue dado de baja por uno de sus mismos escoltas, motivado para ello por la jugosa recompensa ofrecida por las autoridades. En el frente internacional, Colombia obtuvo el respaldo prácticamente unánime de los países de la región, con la sola excepción de la República Bolivariana de Venezuela. En la declaración final se reconoció a las Farc como grupo terrorista y este reconocimiento precipitó la paulatina, pero inevitable desintegración de la guerrilla. En ese momento el dólar tocó fondo y el peso se colocó al nivel de la divisa norteamericana".
Esta página pudo haber sido parte de los textos de historia que futuras generaciones de jóvenes colombianos hubiesen leído y aprendido sobre uno de los capítulos más polémicos de la historia de Colombia en la primera década del siglo XXI.
La realidad ha sido y sigue siendo otra: en el frente interno un respaldo inmenso en función de una sociedad ávida de sangre y venganza y en el frente externo y diplomático un rabo de paja de aquí a Pekín.
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