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Gonzalo Gallo González

Crisis y profecía autocumplida

Publicado el 04-04-09

A García Márquez se le atribuye el relato macondiano de una mujer que un día se levantó con una corazonada alucinante: «Algo terrible va a pasar en este pueblo».

Muy segura se lo advirtió a su hijo en el desayuno y éste se lo dijo a sus amigos mientras jugaba billar. Los amigos propagaron la noticia entre sus familiares y vecinos.

Al atardecer todo el pueblo comentaba la premonición y estaba en la plaza esperando una desgracia inevitable. La zozobra era desesperante. De pronto alguien decidió abandonar el pueblo y los demás siguieron su ejemplo: cargaron sus bártulos sobre los coches o las carretas y se fueron. Algunos prendieron fuego a sus casas y el incendio se propagó. En su retirada la mujer del principio miró hacia atrás, vio las llamas y el humo y le susurró a su hijo: «Yo te lo dije, yo te lo dije».

Este es un buen ejemplo de un fenómeno llamado 'profecía autocumplida'. O sea, una predicción que se convierte a sí misma en la causa de que un hecho se haga realidad.

En 1948, el sociólogo Robert K. Merton acuño la expresión y detalló el proceso en su libro Teoría social y estructura social. La profecía que se cumple es el presagio 'falso' de una situación que origina una conducta, la cual hace que la falsa premonición original se realice y se vuelva 'verdadera'.

Hay ejemplos de profecías autorrealizadas en la literatura universal y el más conocido está en el libro Efecto pigmalión de Bernard Shaw que dio origen al filme My First Lady. En otras palabras es la confirmación de las creencias y las expectativas: Cuando cultivas una firme creencia respecto a algo o alguien, acabas corroborándola. Es la ley de atracción en acción.

Por eso, en una crisis hay que tener extremo cuidado con lo que hablamos ya que podemos terminar siendo profetas de lo que esperamos. Hay casos en los que una empresa o una entidad financiera han estado al borde de la bancarrota debido a los rumores.

Por lo tanto, es laudable la iniciativa de varios televidentes para que en los medios se hable de la recuperación y no se ponga el acento sólo en la crisis. Algo que ha hecho ya CNN en sus programas.
Recordemos los estudios del profesor Robert Rosenthal sobre el efecto Pigmalion en Harvard, en 1968: en un curioso experimento dio a un grupo de profesores cierta información sobre las supuestas capacidades de sus nuevos alumnos. Era una información inventada, pero influyó para que los alumnos señalados a priori como más brillantes consiguieran resultados sobresalientes y los que, en apariencia eran mediocres, se quedaran atrás. Sencillamente respondían al trato y a las expectativas de sus educadores.

El desafío, entonces, no es negar la crisis, sino asumirla con una actitud positiva, abiertos al cambio y a la esperanza. El reto es irradiar confianza y ser protagonistas de una transformación necesaria. Al fin y al cabo la crisis es una maestra que nos invita a soltar lastre, renovarnos y mejorar. 

oasisggg@uniweb.net.co

Gonzalo Gallo González

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