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Germán Umaña Mendoza

La enfermedad holandesa

Publicado el 30-10-09

La economía colombiana tiene un exceso de dólares. La inversión extranjera directa en los sectores petrolero, minero y en general de materias primas, es importante al igual que el hecho de que la tasa de interés continúe siendo positiva, lo que permite atraer capitales de portafolio. Las reservas internacionales son relativamente altas, los ingresos por exportaciones de petróleo y otros commodities, aunque han caído con respecto al año 2008, siguen siendo relevantes y las cantidades exportadas son mayores y, no obstante que los precios han disminuido, permanecen altos.

Aunque el déficit de cuenta corriente se calcula para el final del año en un porcentaje de más o menos el 3,5%, todo parece indicar que se financiará con la cuenta de capitales sin mayores problemas. El exceso de divisas representado en dólares se ha monetizado en parte por el gobierno nacional, para mantener sus niveles de gasto tanto en seguridad democrática como en subsidios y en las obras de infraestructura. Ha aumentado levemente el endeudamiento externo, más no ocurre lo mismo con su servicio.

La sobreoferta de dólares se ha manifestado en la revaluación del peso, en la caída de las exportaciones y esto evitó una disminución aún mayor de las importaciones, no precisamente de bienes de capital ni materias primas, sino fundamentalmente en bienes de consumo durable (suntuarios) e inicial.

La fortaleza de nuestra moneda y la crisis interna de la demanda han perjudicado notablemente las exportaciones y la producción de los sectores industriales, agropecuarios y agroindustriales, lo que ha contribuido representativamente a la baja en la participación del sector secundario (agricultura e industria) en el PIB, al aumento del desempleo y del subempleo. El sector de los servicios continúa siendo deficitario y no se observa una incorporación de progreso técnico en su oferta.

En consecuencia se ha evolucionado hacia una primarización de la economía, lo que no necesariamente sería perjudicial si las nuevas inversiones en la industria y los servicios se hubiesen orientado a nuevas producciones y a sustitución de importaciones. Sin embargo, la liberalización de las compras del Estado, el aumento de los contratos 'llave en mano' y la seguridad inversionista, en nada contribuyen al desarrollo y fortalecimiento del tejido productivo nacional.

Así las cosas, es posible que estemos en un proceso que ha sido descrito por los economistas como 'enfermedad holandesa', derivada de un aumento significativo de las divisas y las inversiones extranjeras (directas y de portafolio), por el aumento de los ingresos derivados del petróleo y otros commodities, con la devaluación del dólar y en perjuicio de las exportaciones no petroleras, aunque mantienen su crecimiento los sectores 'no transables' (construcción, comercio, telecomunicaciones y servicios financieros).

Solamente con la formulación de políticas públicas que estimulen el ahorro interno, la inversión nacional, la producción de bienes transables y la reducción de la dependencia de las materias primas, podrá tratarse la 'enfermedad' para crear empleo, y disminuir la pobreza y la indigencia, lo que no está pasando.
Cada día nos parecemos más a Venezuela, en el tema económico claro, no sean mal pensados, sólo hay que ver la composición de nuestro PIB y la dependencia de las importaciones. Aunque reflexionando, queda la duda sobre si no ocurre lo mismo en todo lo demás.

dgumanam@unal.edu.co

Germán Umaña Mendoza

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