La política externa colombiana al 'garete'. No tenemos credibilidad ni en derechos humanos, ni en política comercial, ni en los organismos regionales o multilaterales. Ni siquiera Estados Unidos, nuestro principal socio, nos cree.
El Tratado de Libre Comercio que al final se aprobará, seguramente cuando cambie el Gobierno actual en Colombia, no será tramitado por el Congreso norteamericano en lo que queda del 2009 ni antes del segundo semestre de 2010.
Mi opinión es que se trata de un acuerdo realmente oneroso para nuestro país, puesto que se limita a dotar de una infinita 'seguridad jurídica' a los inversionistas norteamericanos (léase inseguridad jurídica para los colombianos en su conjunto). Sin embargo, poco o nada puede hacerse en Colombia: ya se encuentra aprobado por todas las instancias jurisdiccionales, legislativas y, por supuesto, por el Ejecutivo. Lo verdaderamente positivo es que no se encontraba en funcionamiento en los momentos en que se desató la crisis internacional.
En materia de cumplimiento de los derechos humanos tampoco nos va bien. Los informes de los relatores ante las Naciones Unidas son de un dramatismo infinito. Qué decir de las certificaciones publicadas por el Departamento de Estado norteamericano, que más parecen una 'descertificación'; o de los movimientos en el Congreso de ese país para que se aclaren las denominadas 'chuzadas', las ejecuciones extrajudiciales (verdaderos negativos), los asesinatos a sindicalistas y las masacres a los indígenas.
En la Organización Internacional del Trabajo, reiteradamente, año a año, se propone para Colombia una 'Comisión de Encuesta', máxima sanción posible, que nunca se aprueba por la conformación tripartita de ese organismo (gobiernos, empresarios y trabajadores), pero el hecho de estar coherentemente en la palestra equivale casi a lo mismo.
En la Organización de los Estados Americanos, las últimas declaraciones, especialmente en el caso del Ecuador, se adoptaron por consenso, con una débil nota aclaratoria de Estados Unidos. La desconfianza con nuestro país es evidente.
En Unasur, el principal triunfo del país es aparentemente mediático. Nos va mal y la tendencia es a empeorar, pueda ser que nuestro 'experto' Canciller y el 'especialista en gracejos', no decidan aislarnos definitivamente de este foro, que cobró relevancia por el nuevo papel de Brasil en el mundo y por ser el único espacio donde, a pesar de todo, podemos dialogar.
La Aladi y la Comunidad Andina fueron abandonadas por Colombia, y en materia comercial se creó una 'inseguridad jurídica' total con el retiro de Venezuela de esta última y la ruptura de relaciones y la aplicación por Ecuador de cláusulas de salvaguardia en materia comercial.
En cada foro en que participamos la consigna es defenderse. ¿Por qué? Será que el resto del mundo se encuentra equivocado. Reconstruir la política externa será una tarea de 'titanes'.
dgumanam@unal.edu.co
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