Continúa la negociación del denominado 'Acuerdo de Asociación' entre la Unión Europea y los países de la Comunidad Andina. Es bueno recordar que en el inicio de las negociaciones se planteó un esquema entre los dos bloques regionales donde los pilares del diálogo político, de cooperación y la definición de una zona de libre comercio, eran igualmente importantes. Esta alternativa pretendía consolidar la Comunidad Andina y promover la integración entre nuestros países. Se realizaron estudios profundos con el apoyo de la cooperación europea e inclusive, en varias Decisiones de la Comisión del Acuerdo de Cartagena, se definieron las propuestas y los cronogramas para la profundización de la integración, con el objetivo de fortalecer la capacidad de negociación conjunta.
Los cambios en los principios de negociación han sido sustantivos. Venezuela se había retirado de la CAN y las diferencias políticas y de estrategia comercial entre los países de la región se hicieron evidentes. Por una parte, se encontraban Bolivia y Ecuador, con gobiernos de izquierda que miraban con recelo que los acuerdos se convirtieran simplemente en tratados como los suscritos con Estados Unidos y, por la otra, Colombia y Perú, creyentes ciegos en la economía de mercado y en el bilateralismo. Bolivia se negó a continuar negociando ante las imposiciones que se ejercían y Ecuador siguió participando en reuniones y, Colombia y Perú, negociando individualmente el Acuerdo.
Ante esta situación, la UE ha otorgado a sus negociadores un nuevo mandato en el que se autoriza el bilateralismo, limitándose en la práctica a conversar exclusivamente los temas comerciales. Esta semana se reúnen de manera individual los países andinos con la UE. Colombia sirve de sede para estas citas, pero en lo objetivo es un tema simplemente de comodidad en los desplazamientos para los negociadores europeos, ya que no existe ninguna posición conjunta en lo comercial y los demás pilares dejaron de ser importantes.
De la esperanza del fortalecimiento de la integración andina y su institucionalidad no queda nada y, por el contrario, se han ahondado las diferencias entre nuestros países. Colombia y Perú simplemente firmarán un tratado similar al suscrito con Estados Unidos, sin que los europeos concedan nada adicional y la UE recibirá todo aquello que fue otorgado a Estados Unidos en los temas de bienes, servicios, propiedad intelectual, compras del Estado e inversiones.
El Sistema Generalizado de Preferencias unilaterales se convertirá en bilateral, no habrá ventajas comerciales por el reconocimiento de la Responsabilidad Compartida en la lucha contra el flagelo universal de las drogas y los derechos humanos y su cumplimiento serán secundarios frente a los intereses del comercio, la inversión y las multinacionales europeas. La sociedad civil se informa y no entiende cómo se pueden seguir adelantando estas negociaciones en el marco de una crisis mundial de la magnitud de la que conocemos y mucho menos comprende el anuncio de la firma en los próximos cinco meses.
Los europeos en su ejercicio de transformismo convirtieron un Acuerdo de Asociación en un simple TLC y, Colombia y Perú, en su ceguera neoliberal, les rogaron que así lo hicieran. Es otro acuerdo de espaldas a la realidad. Si la sociedad no se manifiesta, seguiremos en poder de una meritocracia que poco ha demostrado como gestora en la actual crisis económica.
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