El Premio Nobel en Economía otorgado al economista norteamericano Paul Krugman, es sin lugar a dudas el reconocimiento a un investigador que ha desarrollado su pensamiento en el marco del postkeynesianismo. Aspectos sustantivos son sus escritos sobre la evolución de la internacionalización, en los que ha incluido análisis dinámicos y de acumulación. Su mayor aporte: la incorporación de los rendimientos crecientes con economías a escala en la teoría del comportamiento del comercio internacional.
Pero además de su investigación teórica, Krugman es un observador conspicuo y oportuno de la realidad global. Opositor decidido a las políticas republicanas lideradas por el presidente Bush y uno, entre muchos, de los que predijo la crisis generada por el Gobierno estadounidense y por la Reserva Federal, al hacer insostenibles los déficit gemelos: fiscal y de cuenta corriente, así como los límites de una política monetaria expansiva, sus efectos negativos sobre la balanza de pagos y en la agudización de la crisis financiera que hoy vivimos.
Para el nuevo Gobierno demócrata que será liderado por Obama, la influencia del nuevo Premio Nobel será definitiva y el mundo vivirá el resurgimiento de Keynes y de lo planteado por los economistas postkeynesianos, como por ejemplo: las teorías financieras de Minski, los ciclos económicos de Kalecki, los análisis de Stiglitz y de tantos otros, que habían sido relegados al Parque Jurásico.
El papel del Estado en la orientación del devenir económico cobrará nueva vigencia y hará crisis el pensamiento dominante sobre el papel del mercado que todo lo resuelve. La regulación y las normas sobre la competencia, para fortalecer el combate a los abusos de posición dominante del mercado de las multinacionales, se pondrán a la orden del día.
Como ocurrió a partir de la caída de la Unión Soviética y del Muro de Berlín y sin apoyarse en la triste frase de que se acabó nuevamente la historia, es indudable que la aplicación de las políticas públicas será rediseñada en profundidad y se rescatarán todos los temas referentes a la teoría del desarrollo y la integración económica.
Para Colombia los efectos se manifestarán en la academia y en las políticas públicas y será necesario profundizar en los temas de inversión, crecimiento y desarrollo, capital, conocimiento y, seguramente, habrá caras nuevas en el manejo de la política económica y en las orientaciones en materia productiva, de comercio exterior, fiscales y monetarias. La crisis mundial pasará factura y el capitalismo salvaje dará paso a nuevas alternativas en el marco de la globalización, con un rostro más humano.
En consecuencia, es indispensable formular las bases de proyectos económicos alternativos. Parecería, ha llegado el momento de proponer una gran discusión nacional, que permita identificar tempranamente las nuevas tendencias en el entorno internacional y discutir un plan de desarrollo de largo plazo: menos ingenuo, más de economía política, menos concentrador y más distributivo.
A los gurús se les han derogado los conocimientos por decreto, producto de su incapacidad para prevenir la crisis. La nueva coyuntura internacional requiere instituciones fuertes, más Estado y menos fundamentalismo de mercado. Claro está, eso significa modificaciones políticas de fondo y un viraje hacia una mayor democracia económica.
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