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Germán Umaña Mendoza

Insisto

Publicado el 19-06-08

Revaluación en aumento, tasas de interés altas, inflación elevada, disminución en las tasas de crecimiento de la economía, riesgos en el empleo, déficit fiscal sin perspectivas de cambio para el inmediato futuro y déficit de cuenta corriente creciente.

Sube la cantidad de dólares en la economía, ya sea por las exportaciones de materias primas o por la entrada de capitales de portafolio, de los que nadie sabe su verdadero origen, o de Inversión Extranjera Directa cuya procedencia, en parte, es de paraísos fiscales.

En este difícil ambiente económico, el optimismo de los agentes productivos ya no es el mismo de hace un año. Los analistas económicos, afines al régimen, que hablaban de un aterrizaje suave de la economía empiezan a montarse al tren del desaliento. Casi todos se encuentran dispuestos a revisar sus proyecciones, en un ejercicio inútil de mantener su credibilidad. Ahora pretenden recuperar la cordura. Sin embargo, el lastre es grande y lo dicho y lo escrito: dicho y escrito está.

Y, déle con el cuento. En un comportamiento autista propio de los monasterios y de las sociedades medioevales, la junta directiva del Banco de la República defiende su único mandato: contener la inflación con tasas de interés altas y restricción monetaria. Pero, por ahora, el crecimiento de la inflación no se detiene.

Dicen por ahí que somos como los hombres o las mujeres honradas que al final de la vida no hemos visto nada. La crisis de finales de los años 90, al decir de los técnicos del Banco de la República, se manifestó en esencia en: turbulencias financieras internacionales, posterior retiro de capitales de corto plazo de los mercados emergentes, exceso de gasto privado y público, déficit de cuenta corriente financiada por cuenta de capitales.

En el sistema financiero: boom de consumo y crisis de cartera. Además, burbuja de los precios de la vivienda, apreciación de la tasa de cambio real, sobreendeudamiento de los agentes, fragilidad financiera. Con excepción del retiro de capitales de corto plazo, en la actualidad se dan en la práctica todos los hechos expuestos.

Las consecuencias parecerían evidentes: disminución de la tasa de crecimiento de la economía, menos empleo, mayor inflación y en la medida en que todo afecta a las capas medias y bajas de la población, crecimiento de la desigualdad.

El Gobierno anuncia que disminuirá el gasto solo hasta el año 2009. Otra vez priorizan la política sobre el bienestar de la población. Casi todos saben que el keynesianismo militar de este Gobierno, con su política de Seguridad Democrática, se ha convertido en un barril sin fondo.

Claro está, los resultados son tan evidentes de ser cierta toda la información que leemos, vemos o escuchamos, parecería que las Farc se encuentran derrotadas militarmente y lo que les queda es una negociación política.

Si lo anterior es cierto, y no hay motivos para no creerle al Gobierno, la reducción inmediata del gasto debería hacerse en las inversiones que serán utilizadas en el mediano y largo plazo para fortalecer nuestra capacidad de guerra ¿contra quién? ¿No será el momento de priorizar lo social?

Germán Umaña Mendoza

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