Todo desconcierta en nuestro país. Día a día un nuevo congresista o político es vinculado con los paramilitares, y se ahonda la crisis de legitimidad del legislativo y de todo aquel que haya sido elegido con los votos espurios, producto del poder regional de esas organizaciones.
La Ley de Justicia y Paz ha demostrado su ineficiencia y en los casos en que los paramilitares no han confesado nada, parecería ser que la extradición a Estados Unidos se ha convertido en una tabla de salvación y negociación. Inaudito.
Y, es que todo se une. Se dice por parte de los republicanos que Colombia es el mejor aliado de Estados Unidos en el hemisferio. ¿Aliado en qué? ¿En la guerra de Iraq? ¿En la desestabilización de gobiernos de izquierda elegidos democráticamente en la región?
No cesan de profundizarse diferencias con los vecinos.
Con Venezuela se vive una 'calma chicha' y con Ecuador no cesan las acusaciones de parte y parte, con una clara intención en nuestro país de crear desconfianza entre las fuerzas militares ecuatorianas y Correa. ¿Qué se pretende? ¿Es parte de la alianza con Bush?
El poder desestabilizador de Colombia ha llegado hasta la campaña presidencial en el país del norte. La señora Clinton ¿descubrió? cómo sus asesores hacían lobbying a favor del
Tratado de Libre Comercio y que su esposo daba un tibio apoyo a Colombia, dictando conferencias muy bien remuneradas en nuestro país. Ahora toma distancia, pero las consecuencias en su campaña son evidentes.
Más allá de si se aprueba o no el TLC, lo que es claro es que Colombia quedó en medio de la campaña electoral norteamericana.
De un lado, el proteccionismo de los demócratas y la permanente acusación sobre la violación de los derechos humanos de los sindicalistas y, de la otra, un debilitado Bush que insiste en el papel de gran aliado de Colombia en la región. Nuevamente, ¿contra quién y para qué?
En la Organización de Estados Americanos, (OEA), fue contundente la declaración de cómo no se está dispuesto a admitir por parte de los países latinoamericanos la aplicación de la hipótesis de la 'legítima defensa' en los conflictos regionales, con la reserva, obvio, por parte de Estados Unidos.
Parece lógico que esto ocurra, puesto que de aceptarse este argumento, los conflictos fronterizos resueltos de esa manera y no por medio de la diplomacia, pondrían a la región en medio de la 'ley de la Jungla' y no en el marco del derecho internacional.
Los medios de comunicación no informan, desinforman. Basta leer la prensa de otros países para saber que lo que se muestra al lector son 'medias verdades' de lo que se cree de Colombia en el exterior.
Es como si fuésemos 'Alicia en el país de las maravillas', como si no viviésemos un maremágnum de violencia, de mentiras y de pérdida de valores éticos. 'Entre más grande sea la mentira más la creen'.
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