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Germán Umaña Mendoza

La barriga de Buda

Publicado el 10-04-08

La recesión en Estados Unidos y el tratamiento que se ha dado a la misma, suscita muchos interrogantes, cuya respuesta indudablemente determinará los efectos posibles sobre las economías emergentes. Como siempre, son muchas las preguntas y pocas las respuestas. Sin embargo, vale la pena presentarlas.

Primera: Bernanke, en contravía de lo que venía realizando Greenspan, ha decidido que para enfrentar la crisis hay que adoptar medidas contracíclicas del más puro corte keynesiano: disminuye las tasas de interés, aumenta la liquidez, financia la deteriorada banca de inversión y devalúa, mientras el Gobierno, por su parte, apela a los subsidios directos al consumidor y promueve el empleo. El combate a la inflación se convierte en secundario.

Colombia, por el contrario, sigue el ciclo, pues aumenta las tasas de interés, no interviene la tasa de cambio, continúa la revaluación y el cumplimiento de la meta de inflación se convierte en lo fundamental, aunque el gasto por motivos políticos (Familias en Acción) y de defensa (Seguridad Democrática) sigue disparado.

¿Es correcto inducir un incremento en la ya deteriorada balanza de cuenta corriente y mantener o aumentar el déficit fiscal, afectar a los sectores productivos, promover las importaciones y acrecentar la tasa de desempleo?

Segunda: Estados Unidos devalúa; China, los países de Asia y la India continúan exportando y recibiendo dólares que cada vez, valen menos. Los países asiáticos tienen las mayores reservas mundiales de esta moneda. Mientras tanto, el euro se fortalece. ¿Hasta cuándo aguantará esta alianza entre E.U. y los países asiáticos, sin que estos últimos decidan cambiar la naturaleza de sus reservas internacionales? ¿Dejará de ser el dólar la moneda dominante? ¿Se afectará la cuenta de capitales norteamericana y a los déficit gemelos (fiscal y de cuenta corriente) se sumará un deterioro de la cuenta de capitales?

Tercera: los países latinoamericanos, con altas producciones energéticas y de alimentos, continuarán exportando mayores cantidades de esos bienes con términos de intercambio fluctuantes, mientras existan precios altos y dólares devaluados.

¿Qué pasaría si el crecimiento de China e India baja? ¿Será verdad que se encuentran inmunes a la crisis norteamericana?
Cuarta: ¿hasta dónde el auge de los biocombustibles provocará un problema de inseguridad alimentaria en los países productores y un aumento en la inflación? ¿Será necesario aplicar en Colombia, como ya ocurre en Argentina o Bolivia, impuestos o prohibiciones a las exportaciones? Además, ¿será cierto que en nuestro país el cultivo de la palma ayuda a la legalización de tierras que antaño eran de propiedad de los desplazados o que las tierras de propiedad del Estado, como Carimagua, se entregarán a los grandes capitales privados, o que se está produciendo en ciertas zonas una centralización (violenta o no) de tierras y se induce a una contrarreforma agraria?

Son preguntas que deben ser respondidas por los hacedores de la política económica: el debilitado Congreso, el Gobierno Nacional y la junta directiva del Banco de la República. ¿Será verdad que siguen pensando que el ombligo del mundo se encuentra en Colombia y no en la barriga de Buda? 

Germán Umaña Mendoza

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