Con motivo de celebrarse 100 años del Extension School, la Universidad de Harvard invitó al presidente Álvaro Uribe al evento programado. Aprovechando la oportunidad le concedió una entrevista a un grupo de estudiantes que, conscientes de su importancia, realizaron una reunión preparatoria para discutir los asuntos que habrían de tratar. Por supuesto, el más importante fue el de la reelección.
Luego de analizar sus diversos aspectos, llegaron al consenso básico de que, como ciudadanos, estaban en contra; no por la figura del Presidente -anota mi ocasional corresponsal-, sino por los riesgos que este paso entraña para la institucionalidad y la propia viabilidad del país.
En realidad, el hecho en sí no parece innovador. No obstante, como un proceso dentro de un grupo heterogéneo -de diversos antecedentes e ideologías- el mensaje resultante sí cobra notoriedad por la forma como caló en la pequeña comunidad. La circunstancia de que para conformar la lista de argumentos se hubieran examinado estudios profundos con diversas aristas, legales, institucionales y, hasta las mismas razones esgrimidas por los participantes, reflejan lo diverso del espacio de discusión y la trascendencia que tiene la carta, que con la firma de más de 30 estudiantes de Harvard le fue entregada. En ella anotan su desacuerdo con la reforma constitucional en marcha.
La calificación que los asistentes dieron a la conversación con el Presidente fue muy buena. Durante una hora discutieron las observaciones formuladas, para las cuales tenía su respuesta. Les dio la razón sobre algunos puntos; entre ellos, los impactos en la renovación de liderazgos y posibles retrocesos en la generación de espacios de participación amplios.
Después del encuentro y en procura de una actitud más activa han continuado las reuniones del grupo con el fin de consolidar los argumentos que le permitan clarificar más las razones de su disentimiento. La intención es plantear un debate más allá de la figura del Presidente y manejar aspectos que inicialmente se pueden considerar formales, pero que son de especial importancia.
En lo que toca con la impresión que les dejó el Presidente, es que definitivamente, como se dice en el argot popular, es 'un animal político' impresionante. La inteligencia y capacidad de conectarse con las personas es muy grande. En particular, les impactó la coherencia de su discurso y a la vez la forma como lee y juega con las emociones más profundas de las personas; dándose por lo tanto, una mezcla entre demagogia y astucia política excepcional.
Algo que llamó poderosamente la atención, fue la explicación sobre su famosa encrucijada del alma. Uno de los asistentes le preguntó cuál era su temor para dejar el poder y él respondió, palabra más palabra menos, que para él existían dos tipos de miedo: los formales (los que los miembros del grupo identifican en términos legales, institucionales, etc.), y los que él llama los miedos reales.
Estos son los miedos de volver a épocas de muertes desaforadas, secuestros. Su vínculo con estos miedos es muy visceral -por ejemplo no volver a pasar situaciones como la muerte de su padre-. Con esto dejó la incertidumbre de que no sea un sentimiento real, sino más bien una herramienta para generar más temor. Al contrario, sobre lo que sí dejó certeza fue que para contrarrestar la reforma, hay que buscar maneras de equiparar los miedos formales con los reales.
rosgo12@hotmail.com
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