Publicidad

Portafolio.com.co

EL PORTAL DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS

Recordar clave

Por favor, escriba la dirección de correo electrónico con la cual se registró.



Patrocinado por:
  • Opine
  • Imprimir
  • Enviar
  • Tamaño del texto

Anterior 9 de 83 en ColumnistasSiguiente

Gabriel Rosas Vega

Sí hay quien lo controle

Publicado el 24-09-09

Con el título '¿Quién controla al Contralor?', la revista Cambio denuncia una serie de hechos que a su juicio constituyen una desviación de las funciones del Contralor en ejercicio de su cargo. Más de 500 contratos de servicios por 12.000 millones de pesos sugieren que hay una nómina paralela y exceso de gastos de viaje, son los elementos que aporta la publicación para sustentar su denuncia.

Como quiera que a nadie se le puede sentenciar antes de ser vencido en juicio, me parece que es pertinente preguntarle al señor Auditor General de la República qué opinión le merecen las imputaciones hechas al funcionario por la revista en cuestión. Esto, porque al Contralor lo controla el Auditor, que debe su existencia institucional por el Artículo 274 de la Constitución Política de Colombia.

Para fortalecer el control fiscal, el Constituyente de 1991 introdujo esta figura, pues en palabras del propio titular del cargo: "me parece indispensable que el Contralor sea a su vez controlado por una autoridad superior a la suya. Si el Alcalde no tiene quién lo ronde, la falibilidad humana conduce casi siempre a los abusos y corrupciones que se han vuelto normales en el poder sin control".

De manera tajante señala, que eso es precisamente lo que ha sucedido entre nosotros. "Los contralores, una vez elegidos por el Congreso, las Asambleas o los Concejos, quedan libres de cualquier control efectivo, con las manos libres para hacer de sus funciones lo que a cada uno le plazca, y con el sólo interés de obtener la reelección, para lo cual lo único importante es mantener el favor de sus electores congresistas, diputados o concejales, quienes lo que exigen a cambio no es honestidad, ni eficiencia, sino tajadas del ponqué burocrático, más apetecido que cualquiera otro".

No hay fuente de mayor inmoralidad que la corrupción de quienes deben controlar. Por eso la frase bíblica tan sabia: "Si la sal se corrompe ¿con qué será salada? No sirve más que para ser echada fuera y hollada por los hombres".

Pero algo más; el libertador Simón Bolívar, en una de sus frases célebres, el 2 de enero de 1814, al referirse a la obligación que tienen los servidores públicos de responder e informar a la sociedad por la administración, el uso y el rendimiento de los recursos públicos señaló: "la Hacienda nacional no es de quien os gobierna (...) Todos los depositarios de vuestros intereses deben demostraros el uso que hayan hecho de ellos". Para el insigne ciudadano, era claro que ese comportamiento debe ser un compromiso de gestión, respecto del cual no hay lugar a claudicar.

Es evidente y no hay que llamarse a engaño, que existe una idea muy generalizada acerca de que la corrupción debe ser desterrada, no sólo por una cuestión ética y de funcionamiento adecuado de las instituciones, sino por motivos de eficiencia.
En nuestro medio ha crecido la desconfianza sobre los actos de los funcionarios. Aquí se requiere un salto cualitativo considerable.

El nuevo enfoque debe cambiar, prestando atención no sólo a los aspectos legales y administrativos, sino al pulcro y buen uso de los recursos. Así las cosas, acudiendo a una expresión deportiva, cabe decir que en el caso del Contralor el balón queda en la cancha del Auditor General de la Nación, quien tiene la responsabilidad de vigilar su gestión.

rosgo12@hotmail.com

Gabriel Rosas Vega

PUBLICIDAD

Vea más en Columnistas

Contáctenos

*
*
*

Nota Este dato lo necesitamos para confirmar su identidad en nuestra base de datos y poder hacer un seguimiento a la respuesta que le damos, no será usado con ningún otro fin.


*
*