Al cumplir 20 años de su absurdo sacrificio y como un homenaje, resumo en esta nota apartes del discurso que pronuncié en su sepelio.
Con el corazón desgarrado, me aproximo a esta tribuna para darle el adiós al cuerpo inerte de nuestro líder y nuestro amigo, Luis Carlos Galán. Digo a su cuerpo, porque su espíritu, su pensamiento, su inspiración, su ejemplo, su amor por Colombia permanecerán vivos en nuestras mentes.
Quienes obnubilados por el pasajero y vil encanto del dinero, hecho con base en el dolor de sus congéneres, creen haber triunfado en sus oscuras y desalmadas intenciones se equivocan, pues la victoria la lograrán los colombianos de bien que, agrupados en un haz de corazones y de voluntades, continúen su cruzada por el país.
En estas horas de angustia, movidos por la rabia causada por el sacrificio de la preciosa vida del compañero, podríamos caer en la tentación de estimular la venganza. Pero no; esa no puede ser, ni podrá ser jamás nuestra manera de actuar. Siguiendo su ejemplo, la lucha debe continuar con los mismos ideales y los mismos argumentos que él utilizó.
Tan grande era su amor por Colombia, que siempre estuvo dispuesto a sacrificarse por ella. La unidad del país era el punto focal de su acción y de sus intereses. El mensaje de libertad que marcó el nacimiento del Nuevo Liberalismo, con el preámbulo insurgente de los comuneros estaba para él vivo y a divulgarlo con la magia de su verbo se dedicó en su corta, pero fructífera existencia.
La obsesión por Colombia era de tal naturaleza que se atrevió a proponer la construcción de una patria nueva, una república en la cual los nuevos protagonistas de la vida nacional, las distintas generaciones que actúan en la vida del país, puedan resolver los problemas fundamentales, los que constituyen los obstáculos más grandes para que la nación se desarrolle, se transforme y todos sus habitantes tengan la garantía real de la satisfacción de sus derechos fundamentales. Porque es un hecho que la tendencia individualista de la sociedad colombiana viene abriéndole espacios propicios para la descomposición que en mala hora la ha invadido.
De esta manera, la única justificación de su sacrificio es que los colombianos y en especial el Partido Liberal, incorporen en su tarea sus ideales, su proyecto político, el ejemplo de su vida y el deseo de lograr la convivencia.
Avanzando en el proceso de integración del Nuevo Liberalismo al partido, aceptamos la invitación que nos hiciera el presidente Barco para participar en su Gobierno. De esta manera, ingresé al gabinete como Ministro de Agricultura, al igual que otros compañeros lo hicieron en otros cargos de la administración. En esas condiciones representamos dentro del Ejecutivo, la línea política que inspiró Luis Carlos Galán, poniendo a prueba las propuestas que a lo largo de estos años le hicimos al país.
Luis Carlos Galán es otro mártir de la democracia. ¡Dios mío, que sea el último, que su vida ejemplar guíe nuestra conducta, que triunfen sus ideas sobre las armas, que la orfandad de sus hijos y la soledad de su viuda, sean consoladas por la aplicación de sus ideales!
Recordando su consigna: ¡En el nombre de Dios, de nuestros mayores y de la libertad: siempre adelante, ni un paso atrás y lo que fuere menester, sea!, pedimos al Altísimo paz en su tumba.
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